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La falta de vivienda se ha convertido ya en el principal problema que copa las preocupaciones de la mayoría de los españoles. Así aparece reflejado en las encuestas y estudios de opinión, culpando de esta situación a una oferta que es sensiblemente inferior a la demanda, unida también al incremento del precio de venta y alquiler de los inmuebles. Sevilla no es ajena a este escenario, a pesar de las políticas que está implementado el gobierno de José Luis Sanz en el Ayuntamiento, con el desbloqueo de grandes bolsas de suelo para su desarrollo por parte de los promotores. La capital hispalense se ha convertido ya en la segunda ciudad de España en la que más VPO se están construyendo, sólo por detrás de Madrid, pero aún así los esfuerzos están resultando insuficientes para dar respuesta a una crisis del mercado inmobiliario que afecta principalmente a las familias más jóvenes. La realidad es que la oferta actual es escasa y muy cara. De unos años a esta parte, los precios de venta de los inmuebles se han multiplicado de forma exponencial. A finales de 2025 se publicó el informe IMIE Mercados Locales correspondiente al cuarto trimestre de 2024 en el que se fijaba en un 12,4% el crecimiento interanual del precio de la vivienda. No es, por tanto, tan sólo una percepción subjetiva de los potenciales compradores, sino una realidad que confirman los datos de los expertos del sector. En este mismo sentido, los promotores inmobiliarios reconocen ser conscientes de esta situación, que achacan a una serie de patologías a las que se enfrentan. Bajo su punto de vista, el encarecimiento del valor de los inmuebles, especialmente de los de nueva construcción, se debe a un incremento de los costes de aquellos materiales básicos para ejecutar los trabajos, así como a la dificultad que se encuentra para conseguir una mano de obra cualificada. No obstante, en Sevilla se siguen construyendo en estos momentos nuevas promociones de vivienda en las zonas hacia las que se expande la capital hispalense para aprovechar los terrenos aún sin urbanizar. Ahí están, como muestra, los barrios de Hacienda del Rosario o de Palmas Altas , donde ya se han mudado los primeros vecinos hace algunos meses; y otros que están en pleno proceso de ejecución o de desbloqueo urbanístico, como la Cruz del Campo, la Algodonera de Parque Alcosa, Artillería, la avenida de Jerez o los casi 10.000 pisos que hay proyectados en los terrenos de Villanueva del Pítamo, entre otros. Unos inmuebles que, eso sí, están saliendo al mercado a unos precios que son casi prohibitivos para una familia de clase media, salvo que decidan afrontar una hipoteca en condiciones muy limitadas y que dispongan de liquidez suficiente para asumir el pago de la entrada o de los impuestos que requiere una operación de este calibre. Neinor Homes es una de las promotoras que está construyendo en Sevilla en estos momentos, con promociones en el Pítamo sur, en Sevilla Este o en la parcela que ocupaba la antigua torre de Mapfre en el Distrito Triana. Su director territorial en Andalucía occidental, Alfonso Losada, realiza para ABC de Sevilla una radiografía de la situación en la que se encuentra este mercado inmobiliario, con indicadores que van más allá de lo ocurre en Sevilla y sin esconder la realidad de que existe un incremento general de los precios. « Las promotoras tenemos la fama de querer aprovecharnos por el aumento de la demanda , pero la realidad es que si subimos los precios de venta es porque necesitamos que cuadren los números de la operación». Su trabajo le ha demostrado que los costes de producción se han convertido en estos momentos en «nuestro gran caballo de batalla», porque «son los que hacen que suban considerablemente los precios de las viviendas». Losada pone sobre la mesa algunos cálculos económicos que ejemplifican la realidad que afrontan en el sector. «En un edificio de unas cien viviendas de nueva construcción, por poner un caso, los presupuestos que presentan las constructoras solo para la obra están superando los 150.000 euros por piso », explica. A todo ello hay que sumar otros costes irrenunciables como el de la redacción del proyecto, las diferentes licencias que hay que solicitar o los impuestos que requieren cada una de las administraciones públicas. Una factura total a la que se añade, además, el coste del suelo donde se edifica. «Aproximadamente el 30% de lo que invertimos en una vivienda de nueva obra se va en el pago proporcional de los terrenos que ocupa», aunque «los costes de construcción siguen siendo a día de hoy los que más peso tienen», aclara. Por todo ello, y a pesar de los esfuerzos que están haciendo en los ayuntamiento para liberar suelo sin uso, «estos precios nos hacen llegar a un embudo que dificulta sobre todo a la vivienda asequible». Losada culpabiliza de esta situación a la subida de precio de dos elementos que resultan claves en el proceso de construcción de una vivienda. Por un lado, estaría el coste de los materiales que se encuentra «sujeto a vaivenes geopolíticos» , es decir, que se han incrementado en los últimos años como consecuencia de la guerra de Ucrania o, más recientemente, del conflicto que afecta a Irán y territorios aledaños. Esto ha hecho que el precio al que se adquieren algunas de las materias primas que son básicas para una obra se hayan multiplicado por dos y hasta por tres. Una realidad que ha llevado a los promotores a apostar decididamente por la prefabricación de piezas , que llegan al lugar donde se desarrollan los trabajos ya terminadas y sólo para montarlas. Se está aplicando este sistema, por ejemplo, en los pisos de la antigua Algodonera de Alcosa y el Betis también lo utilizará para reducir el presupuesto final de la reforma del estadio Benito Villamarín. La otra patología a la que se enfrentan en el sector actualmente es la falta de mano de obra cualificada. «Estamos arrastrando un problema que viene de la anterior crisis inmobiliaria, donde una generación no querido seguir en este trabajo porque asumió que el sector inmobiliario tiene muy poca estabilidad », señala Losada. Para revertir esta situación, apuesta porque desde la administración pública se impliquen en «fomentar» que las nuevas generaciones se integren en esta profesión. «La realidad es que nos sigue faltando mano de obra y eso desemboca en que exista una limitación en la capacidad industrial para construir». Con todo, considera que una de las salidas podría estar en el impulso de una «formación profesional» que haga que los jóvenes se interesen por estos empleos, lo que a la larga provocaría «una bajada de los costes» y, por tanto, un descenso del precio de venta con el que las nuevas viviendas salen actualmente al mercado.
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