ABC
Un estridente timbrazo del móvil interrumpió el peloteo y mi compañero se disculpó mientras corría hacia la silla: «Perdonad, pero tengo que contestar». Le dio a su interlocutor concisas y precisas explicaciones de cómo llegar hasta San Juan de la Palma y agarró de nuevo la raqueta. «Era mi primo Jesús, que no sabía llegar hasta la iglesia». Se acabó el partido de pádel porque no se refería ni a un primo ni a una iglesia cualesquiera, sino el padrino de hijo recién nacido y al templo donde lo iban a bautizar. «No participo en ceremonias católicas», dio por toda explicación. Con un par: la mamá, los cuatro abuelos y toda la parentela, carnal o política, cristianando a su primogénito... Ver Más
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