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El sentimiento de “amor tremendo” que revive en la Semana Santa de Santiago desde 1445 | Collector
El sentimiento de “amor tremendo” que revive en la Semana Santa de Santiago desde 1445
Cope Zaragoza

El sentimiento de “amor tremendo” que revive en la Semana Santa de Santiago desde 1445

Quedan apenas unos días para a puerta lateral de la iglesia de San Domingos de Bonaval se abre para desvelar los secretos de la Semana Santa de Santiago de Compostela. Quien la abre es Rita Coira Durán, cofrade y camarera de la Virgen de la Real e Ilustre Cofradía Numeraria del Rosario de Santiago de Compostela, un cargo que ha heredado de su madre y que representa una tradición familiar que se remonta a “tiempos inmemoriales”. Por lo que contamos con una magnífica guía para adentrarnos en el corazón de una de las once cofradías que procesionan en la Semana Santa compostelana. Y la primera sorpresa la tenemos nada más subir los  escalones tras el portón de entrada de madera que se cierra con quejido tras nuestro paso, ya que accedemos a un espacio que no todo el mundo conoce: el cementerio privado de la cofradía que se ubica en un espacio anexo a la Iglesia y antiguo Convento de Santo Domingo de  Bonaval. Y que, distribuido en parcelas centrales ajardinadas con tumbas y algún panteón, cuenta con nichos a su alrededor, componiendo una estructura cuadrada de un  camposanto en el que, explica Coira, se pueden enterrar a los cerca de 200 cofrades numerarios. De hecho,  se le ha conocido popularmente como el “cementerio de los ricos” porque en él descansan los restos de las “150 familias más importantes” de Santiago que tenían su casa en la zona monumental. Hoy, la mayoría de los que allí se entierran son descendientes de aquellas familias. Es en este espacio donde Rita Coira afirma que pertenecer a la cofradía es, por un lado, “un orgullo” y, por otro, “una responsabilidad muy grande”. Con el principal objetivo de que la procesión del Viernes Santo salga bien. Algo que no siempre es fácil, por lo que la tensión es máxima en los días previos, donde se cuida hasta el último detalle y se mira al cielo con preocupación. “Si llueve, no se puede salir”, aclara, aunque existe una alternativa: “Hay un Vía Crucis el Viernes Santo, que se celebra en el interior de la iglesia”. El recorrido continúa hacia la sala de juntas, el verdadero “puesto de mando” de la hermandad. En este espacio de intendencia ya está todo dispuesto para el Viernes Santo. Cuelgan los trajes de época, de finales del siglo XIX y principios del XX, que vestirán los niños y niñas de la procesión. También hay cajas con todo lo necesario para coser y ajustar, pues la sala se convierte en un lugar de preparativos de última hora. Aquí, explica Rita, las mujeres se ayudan unas a otras a colocarse las mantillas antes de la procesión, y también se ajustan los velos de las niñas que visten trajes de la época de Jesús. Y es que, a pesar de que la cofradía data de 1445, nada se da por sentado. Cada año se revisa todo minuciosamente porque “siempre hay cosas imprevisibles”. Desde las horquillas que usan los porteadores para descansar hasta los trajes, todo debe estar en perfecto estado. “Todo lo que lleva la virgen, todo lo que lleva la urna, tiene que estar con tiempo el limpio, preparado y si tienes que llevarlo al joyero, arreglar..., todas esas cosas hay que hacerlas”, detalla Coira. En esta sala destaca, además, un hallazgo reciente y muy celebrado: un estandarte de la antigua cofradía del Perpetuo Socorro de Belvís que, una vez disuelta, fue depositado en San Domingos de Bonaval donde permaneció durante décadas, hasta que fue recuperado de un cajón del Museo do Pobo Galego justo antes de la pandemia. La siguiente parada es la Capilla del Rosario, el auténtico “corazón” de la cofradía. En ella se celebran las misas mensuales y otras ceremonias señaladas. Preside el espacio un “impresionante” retablo de madera junto a la imagen de la Virgen. Actualmente, la cofradía cuenta con entre 150 y 180 miembros, con capacidad para 200 familias, y está abierta a nuevas incorporaciones, que deben ser avaladas por tres cofrades. En uno de los laterales de la capilla y tras otra vetusta puerta de madera, la sacristía alberga durante el año las imágenes y tronos que se sacan para la Semana Santa y donde se guarda, a su vez, una imagen de la Virgen María que era procesionada antes de que en 1960 comenzara a hacerlo la actual imagen, obra  del artista compostelano, Castor Lata. Finalmente, la visita llega al Altar Mayor de la Iglesia de San Domingos de Bonaval donde esperan las dos imágenes procesionales, como son la urna del Santo Entierro y la Virgen del Rosario, “sufriendo la muerte de su hijo”. Aunque junto a ellas encontramos otra, una imagen de un Cristo que procesionó por primera vez el año pasado “pero gustó y vamos a seguir sacándolo”. Imágenes de una enorme riqueza artística y patrimonial, en las que, más allá de las maderas nobles, la plata, el marfil y el manto de la virgen donado por la reina Isabel II, Coira invita a fijarse en “la cara del Cristo”, los adornos de la urna, el corazón de la Virgen, que “realmente es una joya” y su expresión de tristeza. Al final, todo este esfuerzo se resume en un sentimiento profundo. “Sientes un amor tremendo”, confiesa Rita Coira. Es una emoción que lo transforma todo: “En el momento que te pones, tu corazón cambia, es un amor hacia la cofradía y un amor a las imágenes y a la misma María, porque es que no puedes de otra manera, lo vives de esa forma...., se vive”. Este año, además, su dedicación será doble, por ella y por su madre, también llamada Rita, a quien la salud le impide ya participar como hizo durante toda su vida. Puedes escuchar toda la entrevista con Rita Coira Durán y el recorrido por la sede de la Real e Ilustre Cofradía Numeraria del Rosario de Santiago aquí:

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