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Inmovilismo, crisis y manifestación de amas de casa: la muy franquista primera Semana Santa de la Transición en Sevilla | Collector
Inmovilismo, crisis y manifestación de amas de casa: la muy franquista primera Semana Santa de la Transición en Sevilla
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Inmovilismo, crisis y manifestación de amas de casa: la muy franquista primera Semana Santa de la Transición en Sevilla

La de 1976, hace ahora 50 años, fue una celebración en la que no se notó en nada el final de la dictadura y que, más que un estreno democrático, fue en realidad la última edición del nacionalcatolicismo La Semana Santa del Frente Popular en Sevilla: un éxito inesperado pese al boicot de la derecha y a la Macarena escondida “Que no se mueva un varal”. La orden del capataz que pide que el movimiento sea tan mínimo que ni se note en la estructura que sostiene los palios de los pasos de Virgen es una expresión muy propia del mundo de las cofradías en Sevilla, pero alguna que otra vez también se usa fuera del ámbito de las hermandades con el sentido de que todo siga igual, que nada cambie. Y esto fue lo que pasó en la Semana Santa de 1976, que tras la muerte de Francisco Franco en noviembre de 1975 era en teoría la primera de la democracia pero en realidad fue la última del franquismo, sin prácticamente cambios. Eso sí, el contexto social y político iba poco a poco moviéndose, en medio de una galopante crisis económica que incluso lanzó a la calle a las amas de casa en protesta por el encarecimiento de la cesta de la compra. “No se movió ni un varal, ni en Semana Santa ni en ningún otro tema”, abunda Isidoro Moreno Navarro , catedrático emérito de Antropología de la Universidad de Sevilla , uno de los primeros en enfocar desde esta disciplina el mundo de la religiosidad popular y en aquel abril de 1976 uno de los dirigentes del antifranquista Partido de los Trabajadores de España (PTE) en Andalucía (PTA). “Aquella Semana Santa no se notó absolutamente nada” la muerte del dictador no hacía ni cinco meses, “la represión y las autoridades eran las mismas porque querían hacer con Franco lo mismo que con el Cid Campeador”. “En realidad fue la última Semana Santa del franquismo, había pasado muy poco tiempo y aquello seguía todo igual”, recuerda Antonio Zoido, historiador, presidente de la Fundación Machado y por entonces también con responsabilidades en el PTE, “todavía usábamos los nombres de guerra” en un partido que seguiría año y medio en la clandestinidad. Eran tiempos en los que los grises seguían muy presentes “y de vez en cuando mataban a alguien ”, aunque “había ya huelgas y se veía que los sindicatos iban a ser los primeros en ser legalizados”. Las cofradías, algo tercermundista “No fue realmente una Semana Santa democrática, fue todavía predemocrática”, señala por su parte Manuel Jesús Roldán, autor La Semana Santa de la Transición (Sevilla, 1973-1982) , de la editorial El Paseo . “Fueron unos días tranquilos, con las representaciones militares típicas” y en la que hubo una tensión a tres bandas: “la Iglesia era casi más demócrata que el propio régimen”, señala, pero se las tenía tiesas con las hermandades. El propio Vicente Enrique y Tarancón, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, “vino a decir que las cofradías eran algo propio del tercer mundo”. Aquello cayó como una bomba en Sevilla. La primera crónica del primer Domingo de Ramos de la Transición la publicó la 'Hoja del Lunes'. Pese a todo, los deseos de cambio son irrefrenables, con trabajadores y estudiantes como motores para materializarlo. El Domingo de Ramos fue el 11 de abril, después de un marzo intenso con protestas, huelgas y hasta una insospechada manifestación de amas de casa para protestar por la carestía de la cesta de la compra y reclamar subidas de sueldos para sus maridos, que eran los que trabajaban en un momento en el que la mujer no estaba precisamente incorporada al mercado laboral. Todo ello, señales de una decadencia estructural, económica y social, con los coletazos de la crisis del petróleo, el cierre de industrias, el paro y la inflación desbocados y con los condenados por su actividad política todavía en prisión. “Es un año de incertidumbre en todo”, resume Moreno, del que el año pasado Almuzara reeditó sus estudios bajo el título genérico de La Semana Santa de Isidoro Moreno . “Hay mucho miedo” en general, incluida la posibilidad de “algún atentado de ETA o del Grapo a las cofradías más significadas”, pero no flota en el ambiente –ni mucho menos– el riesgo de un choque entre elementos de ultraderecha y ultraizquierda. “Es la última Semana Santa del franquismo, pero no del nacionalcatolicismo”, resalta, un movimiento que por cierto en Sevilla derivará en lo que define como un “municipal-cofradierismo insano” por el “parasitismo mutuo” entre las hermandades y la política local. Movimientos cristianos socialistas “Aquella Semana Santa viajé mucho por Andalucía por motivos políticos”, rememora Antonio Zoido, y es que, “como teníamos muchos militantes que eran profesores”, se aprovechaban los días festivos para tener reuniones comarcales. “Había movimientos cristianos que en buena parte eran socialistas y estaban muy metidos en las hermandades”, una corriente que no cristalizó en un partido propio mientras por estos lares florecían los curas obreros y “se compaginaban perfectamente las creencias marxistas con la pertenencia a una cofradía”. El paso del Nazareno de la O en la estación de Córdoba: cruzó el río por el desaparecido puente de Chapina al estar en obras el de Triana. “Las hermandades eran un mundo conservador pero los sindicalistas estaban también muy metidos”, enlaza Manuel Jesús Roldán, y se empieza a reivindicar un protagonismo más social de estas corporaciones más allá de su mera presencia en la calle. Hay una cofradía, por ejemplo, que rifa por entonces una televisión en color para recaudar fondos para ayudar a niños sin recursos, señal de que empiezan a cambiar las cosas cuando hasta entonces “su papel a lo largo del año era mucho más reducido, sólo litúrgico y sin salidas extraordinarias”. En base a la nueva Ley de Régimen Local, Fernando Parias Merry había sido elegido alcalde de una Sevilla en plena sequía y con fuertes restricciones al consumo, mientras las barriadas más populares tienen problemas hasta con el alcantarillado y empiezan a surgir las asociaciones de vecinos. El andalucista Alejandro Rojas Marcos, por entonces dirigente de la Alianza Socialista de Andalucía (ASA), vuelve del exilio y da el 20 de febrero el que se tiene como primer mitin desde antes de la Guerra Civil, disfrazado de conferencia impulsada por el Grupo Organizador de Reuniones Culturales y Artísticas (Grupo Gorca), al que el acto le cuesta la apertura de un expediente por el Gobierno Civil. Un día antes, por cierto, se había izado la bandera andaluza en el balcón del Ayuntamiento hispalense. “Más salarios para nuestros maridos” Las huelgas de trabajadores municipales se liquidan poniendo directamente a soldados en esos puestos, pero lo que mejor evidencia cómo están las cosas es la ya apuntada protesta de las amas de casa, con sus carteles de Congelación de precios , Mercado libre o Más salarios para nuestros maridos . La manifestación se celebra el 1 de marzo, en plena Cuaresma, y según la crónica de Senda hacia el socialismo (órgano del comité provincial de Sevilla del PCE), participaron unas 400 mujeres que, cuando les quitaron las pancartas, “mantuvieron alzadas las bolsas de la compra vacías” para que quedara bien claro por qué se manifestaban. Crónica de la manifestación de amas de casa en 'Senda hacia el socialismo'. Ya en febrero de 1977, cuando todavía estaba por celebrar una Semana Santa en la que sí que empezaron a ser evidentes los cambios, el vespertino Informaciones de Andalucía publica unas encuestas que el periodista Antonio Crespo envía a los líderes locales de todo el espectro político. “Ahí se ve que la diferencia no es tanto ideológica sino cómo se entiende la Semana Santa, si como algo religioso o como una fiesta popular con dimensión religiosa”, comenta Isidoro Moreno. “En ese momento era una fiesta popular secuestrada por los sectores más de derechas para recalcar su carácter religioso”, continúa, cuando considera “de chiste” intentar separar lo religioso de lo cultural ya que “lo religioso es una parte de lo cultural”, defender lo contrario es “de una ignorancia supina” y “una monstruosidad en términos de antropología”. En este momento, “parte de la izquierda redefine su papel” con respecto a las hermandades, “pero otra sigue instalada en un anticlericalismo naif más propio del XIX”, unos “paleomarxistas” que aceptan la interpretación dominante de la derecha y no entienden que “laicidad no es igual que laicismo: uno no participa en la Semana Santa como cargo político sino como individuo”. Iglesias de garaje versus parafernalia cofrade Aquel mismo Domingo de Ramos, tira de memoria Antonio Zoido, se celebró una reunión del comité andaluz del Partido de los Trabajadores “y yo estaba como loco por acabar porque me iba a perder todas las cofradías”. A eso de las once de la noche, se levantó y dijo que se iba a ver la Hiniesta de recogida, a lo que le preguntó la esposa del secretario general si le podía acompañar. Allá que se fueron los dos a verla entrar en su templo y cuando se dio cuenta la mujer, “una catalana no creyente que nunca había visto una procesión en Sevilla”, estaba con lágrimas en los ojos y sin poder explicar por qué se había emocionado. Ciriales de la hermandad del Buen Fin en 1976 en unas calles sin bullas. “Las hermandades estaban todavía con una crisis que empezó en los años 60”, relata por su parte Manuel Jesús Roldán, ya que su parafernalia “chocaba con la estética post Vaticano II y lo que se llamó las iglesias de garaje, muy sencillas”. Las cofradías, curiosamente de las escasas entidades en los que se votaba democráticamente durante el franquismo, no esconden su miedo a una izquierda que está esperando su momento. “Estos acaban con la Semana Santa” es una frase muy repetida entonces, para después sorprenderse con que “había gente muy capillita” empezando por el primer alcalde democrático, el andalucista Luis Uruñuela. Ese 1976 ya se permite abrir a los cines Viernes y Sábado Santo, algo impensable antes por el luto oficial por la muerte de Cristo, “e incluso se cuela alguna película de destape”, indica Roldán, y los temores anticofrades no sólo no se confirman sino que hay “una explosión espectacular de lo popular”. “Temían el debilitamiento del nacionacatolicismo y fue al revés, la etapa democrática activaría a las hermandades”, comparte Moreno, que sitúa en 1980 cuando de verdad se nota en la Semana Santa el nuevo periodo político. Eso será tras las elecciones municipales de 1979 y al abrigo del primer ayuntamiento democrático... formado por una coalición de partidos de izquierdas tras un pacto PSA, PSOE-A y PCE.

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