Cope Zaragoza
La muerte de un interno en la prisión de Huelva por sobredosis ha confirmado el peor de los escenarios que funcionarios y sindicatos venían advirtiendo desde hace más de un año. La irrupción de una nueva forma de tráfico de drogas, basada en papel impregnado de sustancias estupefacientes, ha alcanzado un punto crítico y se ha cobrado su primera víctima mortal en el centro penitenciario. Todo ha comenzado con episodios que eran difíciles de explicar. Internos que sufrían de forma repentina brotes psicóticos, comportamientos agresivos y pérdidas de conciencia. Según relató Borja Oliveira, delegado sindical de ACAIP, los funcionarios detectaron que los presos "consumían una sustancia que les sienta fatal", aunque durante meses no se pudo identificar con claridad qué circulaba por la prisión. Las sospechas se han confirmado con los análisis de los llamados "papelillos tóxicos". Se trata de simples hojas de papel impregnadas con cannabis sintético (Spice o K2/K9) y, en algunos casos, con restos de fentanilo, un opioide hasta 100 veces más potente que la morfina. Estos papeles son fumados por los internos, que a menudo desconocen su composición real. "Ni ellos mismos saben lo que se están tomando", ha insistido Oliveira. Aunque se habían registrado numerosos traslados urgentes al hospital por intoxicaciones graves, hasta ahora no había habido fallecimientos en Huelva. Sin embargo, en la tarde-noche del lunes, un interno falleció tras consumir una de estas dosis. Los funcionarios activaron el protocolo de emergencia, pero la cantidad ingerida resultó ser letal y no fue posible salvar su vida. El método de introducción de esta droga agrava el problema. Los 'papelillos' llegan principalmente a través del correo postal, aprovechando el derecho a la comunicación de los internos. Oliveira lo ha resumido con crudeza: "¿Cómo sabes cuál sí y cuál no? Es muy complicado". Además, al ser inodoros e invisibles, son prácticamente indetectables con los medios actuales. La situación ha generado un escenario de creciente tensión dentro de la prisión, con un aumento de incidentes y riesgos tanto para los reclusos como para los funcionarios. Estos últimos denuncian falta de recursos y preparación. "La formación es mínima. Lo único que podemos hacer es llevar al interno lo más rápido posible a los servicios médicos", ha admitido Oliveira. Tras la muerte del preso, los sindicatos han redoblado sus denuncias. Alertan de que lo ocurrido en Huelva no es un caso aislado, sino un fenómeno en expansión en las cárceles españolas. Por ello, reclaman medios de detección más eficaces, protocolos claros de actuación y un refuerzo de la protección para los trabajadores penitenciarios. La crónica de Huelva deja así de ser una advertencia para convertirse en una trágica realidad. Una droga casi invisible, de composición incierta y con presencia de sustancias letales como el fentanilo, ha demostrado que puede abrirse paso incluso en entornos de alta seguridad, con consecuencias que, como se ha visto, pueden ser irreversibles.
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