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El 'autismo digital' se abre paso: alertan de que los niños con sobreexposición a pantallas imitan conductas autistas
Cope Zaragoza

El 'autismo digital' se abre paso: alertan de que los niños con sobreexposición a pantallas imitan conductas autistas

La comunidad científica ha encendido una nueva luz de alarma sobre las consecuencias del uso desmedido de la tecnología en los más pequeños. Un reciente estudio de la Sociedad Española de Neurología Pediátrica (Senep) ha puesto sobre la mesa un fenómeno creciente que preocupa a los especialistas: los niños que pasan largas horas frente a las pantallas pueden desarrollar comportamientos que imitan los trastornos del espectro autista (TEA). Esta condición, bautizada como ‘autismo digital’, se manifiesta a través de una triada de síntomas muy concreta: falta de respuesta al nombre, escaso contacto ocular y una marcada preferencia por el aislamiento. Aunque no constituye una categoría diagnóstica oficial, su prevalencia en las consultas ha aumentado de manera exponencial en los últimos años, dibujando un panorama que exige una profunda reflexión social. Para analizar este complejo escenario, el doctor Pedro Javier Rodríguez Hernández, psiquiatra infantojuvenil, ha explicado en Herrera en COPE Tenerife que el problema se ha visto agravado tras la pandemia. “Hemos visto que después de la Covid-19, probablemente motivado por ese aislamiento forzado, la utilización de pantallas se ha elevado muchísimo”, asegura. El especialista señala que la transición a sistemas de enseñanza online y, posteriormente, la normalización de la tecnología en la vida cotidiana han provocado “un incremento de pantallas en nuestros niños y adolescentes, un uso perjudicial de Internet, excesivo uso y abuso de las redes sociales y la utilización de la inteligencia artificial como alternativa a la vida real”. La principal preocupación de los expertos reside en el impacto que esta sobreexposición tiene sobre un cerebro en pleno desarrollo. “Estamos muy preocupados porque la prevalencia de todas las dificultades asociadas al uso excesivo y no controlado de todas estas nuevas tecnologías puede afectar a un cerebro en neurodesarrollo que, de otra manera, tendría que ser desarrollado en su naturalidad habitual”, advierte el doctor Rodríguez. El cerebro infantil necesita estímulos del mundo real, interacciones cara a cara y experiencias sensoriales variadas para construir sus cimientos neurológicos. Cuando la pantalla se convierte en la principal fuente de estímulos, se corre el riesgo de alterar este proceso crítico de maduración. Es fundamental aclarar, como precisa el psiquiatra, que las pantallas no causan autismo. Sin embargo, su abuso sí tiene un efecto pernicioso. “Lo que sí estamos viendo es niños con autismo y con otros trastornos que empeoran sus síntomas por el excesivo uso de las pantallas”, afirma. En un niño con predisposición a las dificultades de socialización, sumergirse en el mundo digital agrava su tendencia al aislamiento. En paralelo, en niños sin ningún trastorno de base, la exposición prolongada puede hacer que desarrollen conductas que se asemejan a las del autismo, ya que el cerebro “puede transformar la realidad del día a día social en una realidad virtual, y que le sea más difícil tener una comunicación eficiente con su entorno”. El ser humano no nace con la habilidad de socializar plenamente desarrollada; es una capacidad que debe cultivarse. “Ese es el problema, el problema es que la socialización es una capacidad que hay que entrenar”, subraya Rodríguez Hernández. Este entrenamiento se produce a través de las relaciones vinculares con la familia, los cuidadores y, de forma crucial, con otros niños. El juego, la negociación, la resolución de conflictos y la empatía se aprenden en el patio del colegio, no en una aplicación. Por ello, el especialista es tajante en su recomendación para niños pequeños con dificultades de interacción: “Cuando vemos un niño con dificultad de socialización de 2 años, lo primero que decimos es, póngalo usted en una guardería, porque esto hay que practicarlo”. La generación que crece detrás de un cristal digital corre el riesgo de tener serios problemas para interactuar en grupo, para forjar amistades sólidas y para gestionar las complejidades de las relaciones humanas. Los síntomas del 'autismo digital' son un reflejo de esta carencia de entrenamiento social. Como describe el psiquiatra, estos niños presentan un cuadro muy reconocible: “Le cuesta comunicarse, no te miran, parecen absortos, les cuesta responderte cuando los llamas, son casi como síntomas autísticos”. Es el retrato de una infancia que, en lugar de explorar el mundo, se refugia en la comodidad adictiva de una pantalla. Frente a esta realidad, las principales autoridades sanitarias han actualizado sus directrices para ser más estrictas. La Asociación Española de Pediatría (AEP), en un grupo de trabajo del que forma parte el propio Rodríguez, ha elevado la recomendación de exposición cero a pantallas hasta los 6 años, cuando antes el límite se situaba en los 3. Para la franja de 7 a 12 años, se aconseja un máximo de una hora diaria, y de dos horas entre los 13 y los 16 años. Sin embargo, el doctor es consciente de la brecha que existe entre la teoría y la práctica. “Una cosa son las recomendaciones y otra cosa es lo que se observa en el día a día”, admite, reconociendo que la mayoría de las familias superan con creces estos límites. El psiquiatra insiste en que el objetivo debe ser “intentar reducir al mínimo posible las pantallas hasta los 6 años”. La prioridad en esa etapa es otra: “que el niño corra, que el niño juegue, que el niño se faje, como decimos los palmeros, con otros niños, eso es importantísimo”. A partir de esa edad, la introducción a la tecnología debe ser progresiva y siempre supervisada. Los peligros van mucho más allá de la socialización. En definitiva, los especialistas llaman a un cambio de rumbo. La solución, pasa por fomentar “más juegos de pandilla y menos pantalla”. Se trata de devolver a los niños una infancia más analógica, donde las relaciones se construyan mirando a los ojos y no a través de un panel de luz LED. Solo así se podrá garantizar que las futuras generaciones crezcan sanas, socialmente competentes y conectadas con el mundo real que les rodea, evitando que el 'autismo digital' se convierta en la norma de una sociedad hiperconectada pero profundamente aislada.

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