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Santander recupera una imagen histórica: la Virgen de los Dolores vuelve a procesionar a hombros 50 años después | Collector
Santander recupera una imagen histórica: la Virgen de los Dolores vuelve a procesionar a hombros 50 años después
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Santander recupera una imagen histórica: la Virgen de los Dolores vuelve a procesionar a hombros 50 años después

La Semana Santa de Santander va a dejar este año una imagen histórica: la Virgen de los Dolores volverá a salir a hombros este Jueves Santo, algo que no ocurría desde hace más de medio siglo. Unas 60 personas portarán el paso desde dentro, recuperando así una tradición muy esperada para la cofradía. Durante décadas, la imagen ha salido sobre ruedas. El motivo fue la propia evolución del paso, que con el tiempo creció tanto que hacían falta más de 120 o incluso 150 personas para portarlo, una cifra difícil de alcanzar en Santander. Ante esta imposibilidad, se optó por una solución práctica que, sin embargo, alejaba a la cofradía de una costumbre muy arraigada en otras zonas de España. Recuperar la salida a hombros no ha sido una decisión improvisada. Según explica Carlos Nodar, mayordomo y capataz del paso, la idea llevaba rondando en la cofradía desde hace entre diez y quince años. El impulso definitivo llegó en 2024, durante el Encuentro de Jóvenes celebrado en León, donde el grupo joven apostó de forma clara por este objetivo. La clave ha estado en el paso que se va a utilizar, uno recuperado de una cofradía de Jaén. Este cambio permite reducir los portadores a unas 60, una cifra que, aunque alta para el norte, es más manejable. De hecho, la respuesta ha superado las expectativas de la cofradía, que esperaba reunir a unas 40 personas, lo que refleja un crecimiento en la implicación y el interés por recuperar tradiciones. Llevar un paso de estas características no es solo cuestión de voluntad. Bajo el trono habrá personas de diferentes alturas y niveles de experiencia, por lo que la coordinación es fundamental. Por eso, los ensayos se han centrado en aprender a repartir el peso y ejecutar movimientos críticos como la levantada, el instante en que se eleva el paso, que requiere una gran sincronización para evitar lesiones. Dentro del paso, la visibilidad es prácticamente nula, por lo que los portadores se guían por las órdenes del exterior. La figura del capataz es esencial: Carlos Nodar, junto a otros dos, dirigirá la procesión marcando el ritmo y los movimientos con una campana. Se trata de un lenguaje de toques aprendido en los ensayos, que se complementa con la banda municipal para mantener la cadencia. Uno de los momentos más delicados será la salida de la iglesia de San Francisco, cuya puerta es muy estrecha para el tamaño del paso. La maniobra exigirá bajar el trono y ajustar al máximo la altura y anchura, un tipo de salida que no se veía en Santander desde hace décadas y que añade una gran expectación. Justo antes de que comience la procesión, dentro del templo se vive un ambiente de silencio, nervios y concentración. Es un instante que solo comparten los miembros de la cofradía. El propio Nodar lo describe como "un momento de recogimiento en el que apenas se escuchan las órdenes de los capataces", justo antes de que el paso cruce la puerta y se encuentre con los aplausos del público. Este hito es visto por la cofradía como parte de un proceso más amplio para fortalecer la participación y la identidad del grupo. La implicación del grupo joven ha sido fundamental y, aunque este es el primer paso, la mirada ya está puesta en el futuro. A medio y largo plazo, se plantea incluso la posibilidad de recuperar el paso de palio completo a hombros, para lo que se necesitarían más de 150 personas. Como en cualquier procesión, hay un factor incontrolable: el tiempo. La lluvia sería el único elemento que podría alterar los planes, por lo que la cofradía ha estado muy pendiente de la previsión meteorológica. De momento, los pronósticos son favorables, lo que permite afrontar la jornada con optimismo. La salida está prevista este Jueves Santo en torno a las 20:15 horas desde la iglesia de San Francisco. Será entonces cuando Santander recuperará una estampa que llevaba décadas sin verse, marcando no solo una conexión con el pasado de la cofradía, sino también un punto de partida para su futuro.

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