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Las últimas semanas han dejado algo más que una lectura electoral puntual, han confirmado el cambio de ciclo en la izquierda. A pesar del plantón de Sumar en el Consejo de Ministros, cada vez condiciona menos el rumbo del Gobierno, y se empieza a percibir a un aliado que era imprescindible a pasar, al menos, a sustituible en términos estratégicos. El declive de Sumar no es solo orgánico, la renuncia de Yolanda Díaz a seguir liderando el proyecto reflejó el agotamiento de una fórmula que nació con aspiraciones de recomposición y ha terminado diluyéndose. La ruptura con Podemos, al principio de la legislatura, fue el final de una crisis que empezó en el pabellón Magariños y sus consecuencias siguen sangrando.
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