COPE
El garbanzo, ingrediente esencial del potaje de vigilia de Semana Santa, es la legumbre más consumida en España, con casi 69 millones de kilos al año. Nuestro país encabeza la producción en Europa, con Andalucía concentrando el 70 % de la producción nacional. Sin embargo, la realidad del campo dibuja un panorama sombrío. Así lo ha explicado José Roales, productor de garbanzos en Zamora, en 'La Linterna' de COPE. Aunque en estas fechas puede haber más demanda por "una cuestión de tradición", la tendencia para el agricultor es clara: los precios que reciben por sus cosechas no dejan de bajar. Producir una hectárea de garbanzos supone un coste de entre 400 y 500 euros, según Roales, incluyendo todos los gastos, desde la semilla hasta el seguro. Unos costes que se han desbocado desde la invasión de Ucrania. "Los fertilizantes en torno a un 50 por 100 y el combustible en torno a un 40, 45 por 100 es lo que ha subido", asegura el productor. Ante esta situación, la rentabilidad es casi una quimera y obliga a diversificar. "Los agricultores no vivimos de un cultivo solo, no puede ser", afirma Roales, quien recuerda que la propia política agraria común (PAC) "nos obliga a rotar los cultivos". El problema se agrava porque, en el caso del garbanzo, el agricultor firma un contrato con la empresa compradora en el momento de la siembra. En él se fija ya el precio que recibirá meses después, al cosechar. Roales, que este año cultivará 25 hectáreas, confirma que los rumores apuntan a que "el precio para el año que viene será menor que el de este año". De este modo, cualquier imprevisto, como la crisis de Irán, que dispare los gastos, es asumido íntegramente por el agricultor. "En el caso de los garbanzos, yo tengo firmado ya el contrato", explica, por lo que "ese aumento de coste va a costa de las espaldas del productor". A esta difícil situación se suma la competencia exterior. En España "importamos porque vienen mucho más baratos, es mucho más barato importar de otros países, sobre todo de Hispanoamérica", lamenta Roales. La razón es que los costes de producción son "infinitamente mucho más bajos" y los estándares de calidad que se exigen en la Unión Europea no tienen "nada que ver". Finalmente, acuerdos comerciales como el de Mercosur o el de Australia, aunque no afecten directamente al garbanzo, generan preocupación en el sector. Roales cree que "va a arrastrar a todas las producciones, a todos los tipos de cultivos", como ya ha ocurrido en otras ocasiones.
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