ABC
Al son de las cornetas y los tambores, el valor se ensanchaba en el pecho de los costaleros en su andar racheado. Una primera 'levantá' entre vítores y su séptima cervical ya soportaba el peso de un Cristo de túnica sencilla, oscilante, y rostro resignado. El retumbar de los tambores hacía compás con las emociones que galopaban cuando, más tarde de las ocho, sin que el manto negro de la noche hubiese oscurecido todavía la ciudad, la hermandad de Los Gitanos dio su primera 'chicotá'. Unos minutos antes también lo hacía, no demasiado lejos de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen y San Luis Obispo, la cofradía de Las Tres Caídas de Madrid. Un trasunto de la de la... Ver Más
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