La Opinión de Málaga
El Miércoles Santo de Málaga avanzó desde la claridad de la tarde hasta la noche cerrada con un rosario de escenas muy distintas entre sí, pero enlazadas por un mismo pulso: el de una ciudad que se reconoce en sus cofradías, en la ocupación paciente de las aceras, en el sonido de las bandas, en el tirón del varal y en esa forma tan malagueña de convertir la calle en memoria viva.
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