La Opinión de Málaga
El Miércoles Santo malagueño, capaz de abrirse al bullicio y cerrarse en el silencio, de pasar del desparpajo de la Paloma a la sobriedad de la Expiración, de la herencia familiar de Salesianos a la perseverancia de Mediadora, de la pedagogía de Fusionadas al gesto de libertad de El Rico y a la precisión de la Sangre. En esa variedad de acentos se sostiene precisamente su fuerza. La jornada no se entiende como una suma dispersa de salidas, sino como una secuencia que va cambiando de luz, de sonido y de ánimo sin perder nunca el hilo común. Málaga volvió a reconocerse en ese tránsito. Otro día que termina entre cornetas, tambores, incienso, maniobras al límite, tradición heredada y devoción compartida.
Go to News Site