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Margarita de Austria estaba bien enterada del desasosiego de los españoles en 1605 ante su próximo parto. La esposa de Felipe III había dado a luz ya a dos niñas, pero se aguardaba con ansia el nacimiento de un heredero que garantizara la sucesión al trono. Por eso, conforme se acercaba el trance, la Reina solía decir «que si no naciera varón, tendría que guardarse de España, pues temía que no la esperase más que a la tercera». Corría el mes de abril y, según contó en estas páginas Francisco Mendizábal , los monarcas se prestaban a celebrar la Semana Santa en Valladolid, donde se había trasladado la corte para enfado de los madrileños. «La villa del Manzanares se enzarzó... Ver Más
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