LOS ANDES
Una buena forma de leer el reciente libro de Lucrecia Martel ("Un destino común") es la de aceptar la posibilidad de no entenderlo del todo. De perderse un poco. De salir con más preguntas. No es una experiencia cómoda ni inmediata, pero en ese juego hay algo fértil. Porque cuando todo se vuelve evidente y previsible, tarde o temprano, deja de decir algo.
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