La Opinión de Murcia
En España no se ignoraba del todo lo que ocurría con algunos curas. Se sabía lo suficiente para no mirar de frente. Se los cambiaba de campanario como quien desplaza una mancha en la pared para no verla al entrar. La sotana no borraba la sospecha; la envolvía en un respeto de baja calidad y en un relato mal cosido, hecho de silencios, titubeos y esa vieja pericia de las instituciones que prefieren desviar la mirada antes que dejar que la verdad se siente a la mesa con su nombre entero.
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