Diario CÓRDOBA
La ciudad despertó el Miércoles Santo con una claridad distinta, como si la luz supiera que la semana alcanzaba su ecuador. Todo parecía suceder más deprisa: el recuerdo cercano del Domingo de Ramos ya empezaba a tornarse nostalgia, y en el aire flotaba esa sensación inevitable de que, poco a poco, la Semana Santa comenzaba a despedirse sin avisar.
Go to News Site