La Opinión de Málaga
Mañana, que es Jueves Santo, no traigáis bocadillo que os invito yo a un campero, ¿vale? Todo empezó un año en que la tita Esperanza tenía antojo de campero. Hace mucho tiempo que no me como uno. ¿Por aquí venden? Pues mañana os invito yo a un campero, ¿vale? Os doy el dinero y vais vosotros a comprarlo. Tiene que ser mañana porque el viernes es vigilia. Desde ese año, el Jueves Santo era el día del campero. Qué banalidad reducir el Jueves Santo a eso, ¿no?
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