El Periódico Extremadura
Cuesta comprender qué clase de país somos cuando un asesino puede salir de prisión sin arrepentirse, sin pedir perdón y aún así encontrar quien le reciba con flores, pancartas y aplausos. Cuesta, sí, pero lo peor es que ya no nos sorprende. Lo hemos metabolizado. El tercer grado de los presos de ETA ha dejado de escandalizar y eso, precisamente, es lo que debería asustarnos. Hemos dejado de tener vergüenza.
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