La Opinión de Málaga
Me deja clavado la leyenda de una viñeta del maestro del dibujo Álvaro Noguera, a veces maestro también en el concepto. En ella uno de sus compactos mandamases del mundo le dice a otro: «gracias a Dios nuestra carne de cañón la ponen sus daños colaterales». La frase desvela la clave de la pérfida entente Netanyahu-Trump en sus guerras: apenas ponen muertos propios, la gran masa de víctimas forman parte de la población civil de sus enemigos, toda la retaguardia es vanguardia, esa enorme mortandad entre inocentes es su argumento principal para imponerse. Bien claro lo ha dicho el siniestro responsable engominado del Departamento de Guerra (antes Defensa): negociamos con bombas. La amenaza de «arrasar» no se refiere solo a los sistemas básicos para la vida y a los edificios, incluye a todos los seres vivos que perecen bajo ellos. También a nuestra propia dignidad humana.
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