Cope Zaragoza
Un nuevo estudio científico publicado en la revista 'Cold Regions Science and Technology' ha determinado que en los Pirineos se producen avalanchas cada vez más pequeñas, pero con mayor frecuencia, en un contexto marcado por la variabilidad climática. La investigación, realizada en el valle de Canfranc (Pirineo Aragonés) en el marco del proyecto europeo Pyrenées4clima, llega tras un invierno especialmente trágico en el que los aludes se han cobrado la vida de al menos ocho personas en la cordillera. El estudio se ha elaborado en el marco del proyecto europeo Pyrenées4clima, en el que participan las 7 regiones que abarca la cordillera (Andorra, Aragón, Cataluña, Euskadi, Navarra, Nueva Aquitania y Occitania) y está liderado por el Observatorio Pirenaico de Cambio Climático (OPCC-CTP). Se ha partido de la base que los Pirineos se encuentran entre las regiones de criosfera de montaña con los niveles más altos de actividad de avalanchas en el mundo (Eckert et al., 2024). El trabajo lo firman cinco expertos: Jaime Boyano Galiano, Alberto Muñoz Torrero, Juan Antonio Ballesteros Cánovas, los tres del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CISC); Juan Ignacio López Moreno, del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CISC), y Osvaldo Franco-Ramos, del Instituto de Geografía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Este informe llega tras un invierno especialmente trágico, en que las avalanchas se han cobrado la vida de al menos ocho personas en los Pirineos, la última este pasado 18 de marzo. El trabajo ha sido firmado por cinco expertos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CISC), el Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CISC) y la Universidad Nacional Autónoma de México. Para llegar a sus conclusiones, analizaron 57 episodios de aludes registrados entre 1910 y 2014, reconstruyendo la actividad de las avalanchas y cruzando los datos con registros históricos y climáticos. Juan Antonio Ballesteros, uno de los autores del estudio, explica que el fenómeno responde a una creciente alteración del clima. "Fundamentalmente, lo que está sucediendo es que cada vez tenemos inviernos con una mayor variabilidad climática y también con unas temperaturas que aumentan", señala el investigador. Esto, según detalla, "hace es desencadenar o generar capas que son más débiles y que pueden generar aludes pequeños, porque ya no tenemos tantos espesores de nieve". Aunque los grandes aludes que llegan al fondo del valle seguirán produciéndose de forma más esporádica, la tendencia observada es clara. "Si bien tenemos una tendencia negativa de estos aludes grandes, los aludes más pequeños asociados a una variabilidad climática hacen que sea más frecuentes", afirma Ballesteros. Este nuevo escenario tiene un impacto directo en la seguridad de la montaña. El estudio subraya que esta nueva dinámica supone una amenaza para las zonas de actividad humana. El aumento de frecuencia de los aludes más pequeños, confinados en las cotas altas, puede "afectar a las infraestructuras de salvaguarda (diques, redes…) que sirven, precisamente, para mitigar los efectos de los grandes aludes", advierte Ballesteros. El mantenimiento de estas barreras, algunas con más de un siglo de antigüedad, resulta crucial. Este escenario también cambia las reglas para los deportistas de montaña, ya que un manto de nieve más inestable eleva el riesgo, especialmente a final del invierno. Ballesteros insiste en que la preparación es ahora más importante que nunca para poder identificar los peligros que no se ven a simple vista. "El metamorfismo de la nieve cambia bruscamente y podemos no evaluar que pueda haber capas débiles que se hayan formado hace unas semanas o hace unos meses incluso", argumenta. La elección del valle de Canfranc para la investigación no fue casual. La zona cuenta con más de 100 años de medidas de protección y reforestación, lo que ha permitido estudiar su eficacia. Ballesteros revela que el equipo lleva cuatro años trabajando allí, motivado en parte por la necesidad de "saber cuál sería la fiabilidad de estas infraestructuras si no se mantuviesen" ante el deterioro observado en algunas de ellas. De cara al futuro, el investigador aboga por priorizar "un mantenimiento adecuado de las infraestructuras existentes" y "mejorar el estado de la masa forestal". Además, sugiere aplicar "medidas basadas en la naturaleza", como estructuras de madera, para asentar el manto de nieve en las zonas de salida de aludes y así reducir el riesgo de que se pongan en movimiento.
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