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La procesión más antigua de Palma revela sus secretos para encarar el futuro
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La procesión más antigua de Palma revela sus secretos para encarar el futuro

La procesión del Cristo de la Sangre es una de las tradiciones más arraigadas y queridas de Palma, una historia que lleva más de cinco siglos recorriendo las calles de la ciudad. Según el historiador Juanjo Soler, su origen se remonta como mínimo a 1552, lo que la convierte en una de las fiestas más antiguas que se repiten cada año, comparable en importancia al Corpus o a la Festa de l'Estendard. La imagen del Cristo es, en sus palabras, "la más querida, de Jesucristo, de toda Mallorca". Pocos saben que la procesión nació con una vocación clara: recoger donativos y limosnas para el antiguo Hospital General. La Cofradía de la Sangre también tenía la misión de enterrar a quienes no podían costearlo, en especial a los condenados a muerte. Este vínculo histórico le otorgó el privilegio de ser la única procesión del Jueves Santo a la que, todavía hoy, "son convocadas todas las cofradías y todos los fieles". Mantener este legado no está exento de dificultades. Juanjo Soler señala que coordinar a las 33 cofradías actuales es "muy difícil", ya que cada una tiene su propia sensibilidad y punto de vista. El principal desafío es alcanzar un equilibrio donde la tradición y lo esencial prevalezcan sobre las visiones particulares. Soler insiste en que, aunque cada cofradía aporte elementos como música o pasos, "nunca debemos perder el norte, que es siempre el Cristo de la sangre". Se trata de una manifestación pública de fe, no de un simple desfile folclórico. "La procesión no es solo folklore, es también espiritualidad, es también una vivencia de la penitencia", afirma el historiador. Este carácter penitencial explica por qué los participantes van tapados, buscando el anonimato en su acto de fe. Aunque prácticas como la flagelación han desaparecido, el espíritu se mantiene con gestos como procesionar descalzo o con cadenas. Para Soler, es fundamental que la procesión no pierda esta vocación original. El futuro de la tradición depende en gran medida del relevo generacional. La situación es desigual: mientras algunas cofradías, a menudo ligadas a colegios o con una fuerte tradición familiar, cuentan con "muchísimos monaguillos", a otras les cuesta más atraer a los jóvenes. El historiador subraya la importancia de la formación para que los nuevos miembros sean conscientes de que "salir en procesión es una cosa seria" y entiendan su significado profundo. Finalmente, Soler aclara una duda frecuente: la procesión no termina en la Catedral, aunque allí finalice el recorrido oficial. La imagen del Cristo debe volver a su iglesia en el hospital, en un traslado solemne que desmiente "bulos" como que regresa en furgoneta. Toda esta historia ha sido recogida en la publicación 'La processó del Dijous Sant a Palma al llarg del segle XIX', en la que ha participado el propio Soler.

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