Diario CÓRDOBA
La activista Sayragul Sauytbal pasó cinco meses en uno de los llamados “Centros de Educación y Formación Vocacional” (VETC, en sus siglas en inglés) que China construyó a mediados de la pasada década para reprimir a la población uigur y a otras minorías étnicas musulmanas en la provincia de Xinjiang, en el extremo occidental del país. Como profesora, fue obligada a reeducar a los detenidos y a participar en la campaña orquestada por Pekín para forzar la asimilación cultural de los habitantes de esta región con los Han, la etnia mayoritaria en el gigante asiático, a base de detenciones arbitrarias, encarcelamientos y torturas físicas y psicológicas.
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