ABC
España es un país de cristianos viejos, sedientos de pureza de sangre. En el Atlético de Madrid abundan Torquemadas dispuestos a mandar a la hoguera al disidente. Para ellos, una herejía muy común en estos tiempos es no ser fan incondicional del Cholo o no odiar lo suficiente al eterno rival. No odiarlo en absoluto lleva aparejada excomunión. Ignoran a Buda: «Quien te enfada, te domina». Amén de que hay que huir como de la peste de los sentimientos negativos (rencor, odio, inquina…) por lo que dañan al que los padece. A quien esto escribe, un correligionario futbolístico lo tildó de «anti Atlético y nacional-madridista», por decir que los planteamientos de Simeone eran con frecuencia demasiado defensivos. El primer Atleti de este colchonero antiguo (le pese a quien le pese) lo constituían Verde, Pazos, Chuzo, Mendoza o Miguel, de quienes su madre, apolítica hasta entonces en materia balompédica, le hablaba de niño con afecto por su simpatía y amabilidad en aquel viaje accidentado a Bulgaria para jugar contra el CDNA de Sofía. Su segundo Atleti fue el de Adelardo, Calleja, Jayo, Ufarte, Rodri, Salcedo, Gárate, Ovejero, Capón, Orozco o Vidaller, de quienes no se perdía un partido y a los que hoy se honra en tener por amigos. A partir de ahí todos los Atléticos han sido los suyos, aunque no haya conocido en persona a jugador alguno y hayan tenido determinados presidentes con los que no se ha identificado para nada. El peor Jesús Gil, de cuyo nombre no querría acordarse. Utilizó al club en su propio beneficio, y tras algunos títulos lo bajó a Segunda División, donde estuvo dos temporadas. Con el beneplácito de algunos, que lo proclamaban «alcalde de Madrid» y encima se creían la esencia del atleticismo. Afortunadamente ya pasó aquella época vergonzosa y en la actualidad se puede mirar con esperanza un futuro con dólares, 158.000 socios, Mateu Alemany de director deportivo y jugadores de la talla de Hancko, Julián Álvarez, Sorloth, Lookman, Marc Pubill, Baena, Llorente, Griezmann (aunque esté a punto de la despedida) o Pablo Barrios. Lo que venga estará enraizado en el pasado. Para el poeta Juan Massana «somos lo que creemos recordar, y atrapados por el ámbar de lo que nunca sucedió construimos nuestra historia».
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