La Opinión de Málaga
En la plaza de los Viñeros no cabe nunca un alma. Este año, sin embargo, hay un hueco. El que ocupaba Santiago. No está entre los hermanos, pero está. De otra manera, en otro sitio, pero está. Siempre falta alguien, claro, y eso forma parte también de la Semana Santa, de su forma de doler sin hacer ruido. Y, al mismo tiempo, siempre hay alguien nuevo que llega, que se coloca donde puede, que aprende mirando y que, sin saberlo, empieza a sostener la memoria de quien ya no está. Así funciona esto.
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