Diario de Noticias
Las recientes declaraciones de Donald Trump sobre la posibilidad de que Estados Unidos abandone la OTAN han reabierto un debate que hasta hace poco parecía impensable: la viabilidad de la Alianza Atlántica sin su principal garante militar y político. Más allá del tono electoral, el hecho de que esta hipótesis se plantee introduce un elemento de incertidumbre estructural en el sistema de seguridad occidental. Europa, acostumbrada a una protección casi automática bajo el paraguas estadounidense, se enfrenta ahora a la necesidad de contemplar escenarios que cuestionan su arquitectura defensiva. En este contexto, las amenazas no son teóricas: la guerra en Ucrania ha demostrado la persistencia del riesgo convencional. A ello se suma la presión híbrida, los ciberataques y la instrumentalización de la energía y la migración como armas geopolíticas. La seguridad europea ya no puede entenderse como una garantía externa, sino como una responsabilidad propia.
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