ABC
El señor de la Salud merodea por el pecho de los insomnes, por el pensamiento más afilado de los locos, por la desesperación del que tiene una cosita o tiene a alguien pendiente, tambaleándose en ese hilillo mortal de la fatiga. El señor de la Salud parte la madrugada porque la lleva incrustada en la piel, porque su melanina está potenciada por el bálsamo de nuestras heridas, porque carga al hombro los achaques y los mece como el que balancea una cuna, como el que pone a volar un capote para cambiar la trayectoria de los destinos. Su túnica es el único medidor de tiempos del que yo me fío, porque es el que marca el ritmo de la eternidad.... Ver Más
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