COPE
La jubilación no siempre es una elección. Este es el caso de Carlos Tena, un trabajador que, a sus 61 años, se ha visto abocado a una jubilación anticipada forzosa. Tras una vida laboral que comenzó a los 15 años y que suma 41 años de cotización, se enfrenta a una dura realidad: una reducción del 28% en su pensión. Su historia pone de manifiesto la situación de muchos profesionales que, superada la barrera de los 50, son expulsados del mercado laboral y penalizados por un sistema que, según denuncia, no es justo. Carlos Tena comenzó su vida laboral a los 15 años, en la década de los 70, algo que, como él mismo recuerda, “era lo más normal”. Sus primeros pasos fueron en una empresa de lavanderías y una fábrica de muebles. Más tarde, consiguió un buen puesto en Gestfondo, que compaginaba por las tardes con sus estudios de peritaje mercantil. Sin embargo, una serie de despidos le dejó en el paro tras seis años en la compañía. Tras nueve meses desempleado, encontró la estabilidad en el Grupo Codorníu, donde desarrollaría la mayor parte de su carrera durante 28 años. Allí, su trayectoria fue ascendente: empezó en logística, fue adjunto a directores comerciales y al ‘controller’, y tras cursar un máster en marketing, escaló desde asistente de marketing y jefe de producto hasta convertirse en brand manager de Bodegas Bilbaínas y Raymat. La crisis económica marcó un punto de inflexión. Con 52 años, Carlos fue despedido. Según relata, la empresa, como muchas otras, “se aprovechó de la situación, despidió a la mitad de la plantilla del departamento y lo sustituyó al cabo de poco por gente joven a mitad de precio”. A partir de ese momento, comenzó un largo y frustrante periplo en busca de una nueva oportunidad laboral que nunca llegó. “No paraba de solicitar empleos tanto en empresas como en agencias, y todo eran buenas palabras, pero nada de nada”, explica Carlos. La ‘muerte profesional’, como él la define, se convirtió en una barrera insalvable. Gracias a la indemnización y a la ayuda de un amigo que le contrató temporalmente en su pequeña empresa —que lamentablemente tuvo que cerrar al año—, pudo subsistir hasta que solo le quedó una opción. A los 61 años, la única salida viable para Carlos fue solicitar la jubilación anticipada. Una decisión que no tomó por gusto. “No porque yo no quisiera trabajar la pedía, sino, sencillamente, porque a esa edad y mucho antes estás muerto profesionalmente”, insiste. La Seguridad Social aceptó su solicitud, pero con una condición que cambiaría drásticamente su futuro: la aplicación de unos coeficientes reductores del 28% sobre su pensión. Aquí es donde surge su gran pregunta y su denuncia. “¿Eso es justo? Rotundamente no”, sentencia. Para Carlos, el sistema es incoherente y castiga a quienes más han aportado. “No es justo que alguien, por llegar a los 65 años, teniendo 35 años de cotización perciba el 100 por 100, y yo que he cotizado 41 años, vea reducida mi jubilación un 28 por 100”. Su caso es un reflejo de la lucha de muchos trabajadores que, como él, piden la eliminación de los coeficientes reductores para las jubilaciones anticipadas forzosas.
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