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Siempre pasa lo mismo en Cornellá | Collector
Siempre pasa lo mismo en Cornellá
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Siempre pasa lo mismo en Cornellá

El Espanyol ha emitido un comunicado condenando los insultos racistas y reivindicando Cornellá como un estadio moderno, pero el club es perfectamente consciente de que tiene una facción de su afición que es la que es y no hace nada por evitarlo. Esto no es nuevo: ni este tipo de afición -cierto que no toda, ni siquiera mayoritaria en la gran familia del Espanyol- ni la actitud de los dirigentes de la entidad, siempre entre cobarde y complaciente con los que no saben comportarse. Hace casi 20 años escribí un artículo en mi blog personal -ni siquiera en un periódico- diciendo que me alegraba de que el Espanyol hubiera perdido su segunda final europea. Tuve que aguantar pintadas en la puerta de mi casa, pintadas en el negocio de mi familia, insultos y amenazas telefónicas y por la calle. Necesité protección de los Mossos durante dos semanas. He escrito artículos mucho más hirientes sobre el comportamiento de la afición y algunos dirigentes del Barcelona, y sobre tantos otros asuntos y personas, y nunca me ha pasado nada comparable. El Barça del primer Laporta y luego Florentino en el Madrid erradicaron a sus salvajes y ambos pagaron un elevado y muy desagradable precio. El Espanyol continúa emitiendo comunicados. Cuando sucedió lo mío llamé a su entonces presidente, Daniel Sánchez Llibre , con quien pese a todo tenía una buena relación, y le exigí que pusiera fin de inmediato a aquellas actuaciones. Me respondió que él no podía hacer nada pero no hubo más incidentes a partir de aquella conversación y al cabo de unos días fuimos a comer. Entonces me explicó una anécdota familiar que resultó ser la más extraordinaria metáfora de lo que siempre hace el club cuando llegan las consecuencias de no plantarse contra la parte violenta - y cosas peores- de sus aficionados. Dani tenía en su finca en Vilassar un perro grande y contundente -un pastor alemán, creo recordar, pero no estoy seguro- que entraba y salía de la propiedad sin ningún control. Los vecinos se lo habían reprochado varias veces, temerosos de que algún día atacara a su perrito faldero que todo el día ladraba. La relación entre las dos familias era tensa, muy mala. A Dani le incomodaba la situación pero no hacía nada y simplemente procuraba no coincidir con ellos. Una mañana de verano, al levantarse muy temprano, vio a su perro llegar con el perrito de los vecinos muerto entre los dientes. Y temeroso de la reacción de la otra familia, tomó el cadáver, lo limpió, lo peinó, y aprovechando que todavía era muy pronto y que todos dormían, entró en el jardín del difunto y cuidadosamente lo dejó en su casita, como si estuviera descansando. Pasaron los días y Dani extremaba la prudencia para evitar lo que de todos modos iba a suceder, y finalmente coincidió con su enemigo. No hubo hostilidad en el saludo y a Dani le sorprendió aunque no tanto como lo que le contó: «No sabes qué cosa más extraña nos ha pasado: hace tres semanas murió nuestro perro y lo enterramos en este bosquecito que tenemos en la parte trasera de la casa. Y de una manera que no podemos explicarnos, apareció de repente en su casita limpio y bien puesto y mi mujer, que se marchó inmediatamente a Barcelona, no ha vuelto y me ha pedido que venda la finca porque está embrujada». Lo que en realidad sucedió es que el perro de Dani, en una de sus entradas y salidas descontroladas, se metió en el bosquecito de los vecinos, desenterró a Faldero y se lo llevó para jugar. Un lobo fuera de control y el Espanyol que con una mano redacta comunicados victimistas y con la otra peina cadáveres para que parezca que se han dormido. Siempre que pasa algo, pasa lo mismo en Cornellá.

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