La Opinión de Málaga
El Jueves Santo malagueño quedó dibujado como una suma de escenas muy distintas y, al mismo tiempo, complementarias. La Cena abrió la tarde con solemnidad eucarística; Viñeros hizo de la memoria una forma de continuidad; Santa Cruz y Vera+Cruz sostuvieron el lenguaje del silencio y el recogimiento; Mena reunió solemnidad militar, testimonio y devoción íntima; Zamarrilla convirtió la salida en afirmación de barrio; Misericordia recordó el valor de la cercanía; y la Esperanza volvió a convocar a la ciudad en torno a un rito colectivo de fe popular. Más que una sucesión de procesiones, la jornada dejó un relato compartido sobre la permanencia de los símbolos y la capacidad de Málaga para reconocerse cada Jueves Santo en sus calles.
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