Diario CÓRDOBA
Más allá de vaivenes políticos, de ataques de drones y misiles en algunos lugares del mundo, de noticiarios y tertulias, de operaciones salida, de los influencers y la crónica de las páginas rosa, en todos los rincones de nuestra geografía hoy es Viernes Santo, el día que el 32 % de la población mundial conmemora la muerte de Jesús de Nazaret. En la era de la inmediatez, en un mundo que no se detiene, donde el ruido digital y el consumo frenético marcan el pulso de la existencia, el Viernes Santo emerge cada año como una anomalía necesaria. No es solo una fecha en el calendario litúrgico o un paréntesis vacacional; es, en su esencia más cruda, un espejo donde la humanidad se ve obligada a mirar aquello que pasa el resto del año intentando ignorar: la vulnerabilidad, el fracaso y la muerte.
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