El Periódico Extremadura
El Viernes Santo en Mérida amanece distinto, sin prisa, sin ruido. Solo una luz tenue que parece pedir permiso para entrar en la ciudad y un silencio que lo envuelve todo, como si el tiempo se detuviera para contemplar el misterio. Es día de oración, de recogimiento, de miradas bajas y corazones abiertos.
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