Cope Zaragoza
El obispo de Albacete, Ángel Román, ha invitado en su meditación de Viernes Santo en TRECE a reflexionar sobre la figura de Simón de Cirene, a quien “le obligaron a llevar la cruz de Jesús”. A partir de este pasaje, el prelado ha recordado que Jesús “siempre nos hace necesarios, cuenta con nosotros y nunca nos anula”, subrayando que es un Dios que quiere estar siempre al lado del ser humano. Ha citado el evangelio de Mateo para reforzar esta idea: “y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”. Román ha explicado que esta necesidad de compañía es recíproca, ya que Jesús también quiere que estemos a su lado. Esto no se debe a una simple necesidad de hacernos trabajar, sino a que “somos imagen de un dios trinitario que tiene una intensa relación de reciprocidad”. Según el obispo, el ser humano está hecho para dar y recibir, de ahí que “Jesús carga la cruz y se deja ayudar”. Esta dinámica es la base de la vida en comunidad, donde todos estamos llamados a participar activamente. En este sentido, ha afirmado que en esta reciprocidad es donde empezaría “la sinodalidad de la que tanto hablamos y que tanto nos cuesta practicar”. Para el obispo, no es algo difícil, sino que “se trata de dejarnos llevar por la raíz más profunda de lo que somos”. Caminamos juntos y todos nos necesitamos, porque cada uno aportamos una riqueza y entre todos “llevamos la cruz y la vida, construyendo y formando parte del gran mosaico de la obra de la salvación”. El hecho de que el Hijo de Dios necesitara ayuda es, para Ángel Román, una invitación a “ser humildes y a dejarnos también ayudar”. Ha puesto como ejemplo que a todos nos gusta más visitar a un enfermo que ser el enfermo atendido. Sin embargo, ha hecho hincapié en que, “si nos damos cuenta, con quien realmente se identifica el señor es con el necesitado”. Por ello, ha recordado las palabras de Jesús: “Tuve hambre y me diste de comer, estuve enfermo y me visitaste”. Así, permitir que nos ayuden es también permitir que alguien sea “bendito del padre” por servir a Jesús en nosotros. Frente a una mentalidad en la que ancianos y enfermos sienten que “no quieren estorbar”, hasta el punto de querer “quitarse de en medio”, el obispo de Albacete ha sentenciado que se trata de “una actitud nada cristiana”. Ha lamentado que nuestra sociedad valore a las personas en tanto que son útiles, y ha recordado que, aunque las obras de misericordia impliquen un esfuerzo, la persona atendida nunca es un estorbo. “Cuando uno ama, el otro es sagrado, presencia de Dios”, ha aseverado. El titular de la diócesis albaceteña ha profundizado en el significado del sufrimiento, explicando que la verdadera cruz no es la enfermedad o la cárcel en sí mismas. En su lugar, “la cruz es el sufrimiento que se deriva de nuestra entrega por amor”. En el caso de Jesús, su cruz fue “la consecuencia de amarnos hasta el extremo”, ya que si hubiera cedido a la tentación o al miedo, “el amor hasta el final se hubiese roto”. Por tanto, la conclusión es clara para el obispo. “Nuestra cruz es, por tanto, el fruto de amar y amar”, ha sentenciado. En consecuencia, ser cireneos hoy significa “aceptar y llevar con Jesús la otra cara del amor, que es la cruz”. Pero también implica “dejar que otro sea cireneo”, es decir, permitir que nos acompañen. Ángel Román ha traído su reflexión a la actualidad, afirmando que “Jesús sigue mostrándose débil en tantos crucificados” que necesitan nuestra ayuda. En infinidad de ocasiones, ha dicho, Jesús está “tan deshecho y tan débil” que ni siquiera puede pedir ayuda. Es ahí donde nuestra sensibilidad y capacidad de amar deben moverse para atenderle “ya no por obligación, como lo hizo Simón, sino por amor”. La figura de María al pie de la cruz, actuando como cirenea con su perseverancia y fidelidad, es el modelo a seguir. Por ello, ha lanzado una llamada a la acción para no “mirar hacia otro lado” ni “pasar de largo ante el que nos necesita”. Ha criticado la indiferencia, la insensibilidad y el individualismo, que llevan a tener “corazones helados, impasibles, incapaces de amar”. El obispo ha concluido con una interpelación directa: “Echemos un vistazo alrededor, no muy lejos. Qué crucificado se cruza en mi camino”. Y ha finalizado pidiendo a Dios que ayude a los fieles a no gastarse “en lo que no da vida” y a no dejar solo a nadie, para que sea el amor, y no la obligación, lo que mueva a abrazar “las cruces y a los crucificados”.
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