INFORMACION
Celal, entre máquinas y sillas vacías, sonríe porque poco más puede hacer. "Aquí tendría que estar el cortador de piel. Aquí, el que cose las partes. Más allá estaba el que decoraba. En este taller tendrían que estar trabajando unas 15, 16 personas para que funcione. Pero ahora somos tres", explica Celal, cuyos labios sonríen pero sus ojos delatan otra expresión: más pesada, menos feliz.
Go to News Site