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En el Convento del Espíritu Santo de Toledo, entre la sobriedad de sus muros y el silencio propio de la vida contemplativa , se custodian hoy dos imágenes de Cristo crucificado cuya presencia conjunta encierra una historia singular. No se trata únicamente de dos tallas devocionales de origen distinto que han terminado compartiendo espacio, sino del reencuentro simbólico de una madre y de un hijo separados por el drama de un nacimiento, unidos durante toda su vida por la oración y reunidos, casi cuatro siglos después, bajo el mismo techo. La historia arranca en el año 1600, en los baños de Fitero, en Navarra, con un episodio que bien pudo haber terminado en tragedia. Juan de Palafox y Mendoza nació... Ver Más
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