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Dice que la fe puede iluminar una vida y, a juzgar por lo que ocurrió un año más en la madrugada de este Jueves Santo, el Cristo de Zalamea ilumina muchas. Hasta el extremo de que una marea de fieles volvió a acompañar al Cristico, dejando estampas sobrecogedoras como las que cada año se suceden en su subida por la calle Santa Ana, nada más salir junto a la parroquia de San José.
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