Collector
El ‘efecto espectador’: el poder silencioso de los niños que presencian el bullying | Collector
El ‘efecto espectador’: el poder silencioso de los niños que presencian el bullying
COPE

El ‘efecto espectador’: el poder silencioso de los niños que presencian el bullying

El acoso escolar o bullying es un problema que preocupa a toda la sociedad, pero el foco suele centrarse en la víctima y el acosador. Sin embargo, existe una tercera figura fundamental: el espectador. El psicólogo y educador Javier de Haro explica la importancia de educar a los niños sobre el papel que juegan como observadores, ya que sus acciones, e incluso su inacción, pueden ser determinantes para detener o perpetuar una situación de acoso. Según el experto, numerosos estudios demuestran "el papel tan importante que tiene el público, la gente que lo ve". De Haro advierte que la actitud de estos niños puede "reforzar que el bullying se mantenga" o, por el contrario, "cortarlo de raíz". Las cifras son preocupantes: los estudios indican que solo entre un 15 % y un 20 % de los espectadores ayuda a la víctima. El resto, o no hace nada, o peor aún, "refuerza esa conducta riendo la gracia, siguiendo la burla o incluso apoyando al presunto acosador". Pese a estas cifras, el poder de la intervención es inmenso. En etapas como Primaria, se ha demostrado que la actuación de un compañero puede conseguir que una situación de acoso se corte en menos de 10 segundos. En Secundaria la dinámica es más compleja, pero en las primeras edades, un pequeño gesto de apoyo puede marcar una gran diferencia y, en palabras de De Haro, literalmente "salvar vidas". El problema se agrava con la evolución del propio acoso. De Haro señala que se vuelven a ver prácticas como el "happy slapping", que consiste en "grabarse de forma premeditada, humillando, pegando o buscando a la víctima". Lo más preocupante para el psicólogo es que se está normalizando la humillación y las burlas, ya que "estamos llegando a un punto que se está normalizando el humillar" y "muchos niños no conectan realmente con lo que está pasando". El experto insiste en desterrar la idea de que son "cosas de niños". Aunque algunas acciones sean puntuales y sin mala intención, "hay que cortarlas". Pero más importante que el castigo es la pedagogía: "hay que enseñarles a conectar con lo que ha hecho y a reparar el daño". Muchos niños, explica, repiten estos comportamientos porque "no son conscientes del daño que hacen" y, sobre todo, no lo reparan. La responsabilidad de educar contra el acoso es compartida, pero gran parte recae en el hogar. Los niños aprenden de lo que ven en casa, y no siempre de forma directa. De Haro apunta que criticar a un vecino o insultar a un futbolista durante un partido son ejemplos que los niños absorben. Además, alerta sobre el contenido que consumen sin filtro en plataformas como YouTube o en videojuegos como el Fortnite, donde "no solo van de ganar, sino de humillar", lo que normaliza estas conductas. Para fomentar un rol activo y empático en los niños, Javier de Haro propone cuatro claves. La primera es la coherencia de los padres como modelo a seguir. La segunda es aplicar la "cultura restaurativa": en lugar de un simple castigo, es fundamental dialogar con el niño cuando está calmado para que entienda el error y piense en cómo "reparar el daño causado". La tercera clave es enseñarles que ayudar no implica necesariamente enfrentarse al agresor, lo cual puede darles miedo. Acciones como "hablar con un profesor", acercarse a la víctima en el patio o preguntarle cómo está son formas muy valiosas de apoyo. Finalmente, el experto recomienda "sembrar empatía en el día a día": aprovechar momentos cotidianos, como leer un cuento, para preguntarles cómo creen que se sienten los demás y ayudarles a conectar con las emociones ajenas.

Go to News Site