La Opinión de Murcia
“El verdadero amor no se conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece”, enunció el dramaturgo Jacinto Benavente y demostró, unos cuantos siglos antes, el protagonista de la historia que, desde las primeras luces del siglo XVII, se cuenta en nueve pasos, nueve, en la procesión que enciende Murcia el Viernes Santo por la mañana. La procesión morada, el desfile que empieza con La Cena y concluye con La Dolorosa. La elegía (alegre y jubilosa, si la contradicción es admisible) a Jesús que Nazaret que modeló en madera con las manos Francisco Salzillo y Alcaraz. Una oda a la belleza digna de una reina.
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