ABC
A las siete de la tarde, Madrid tenía una cita con Dios y este con la muerte . Quizá por eso se respiraba un aire distinto, espeso, pese al viento y al azul del Guadarrama, que despejaba el cielo para no ser aguafiestas. La ciudad vieja comenzaba a esa misma hora dos procesiones que son enseña y tradición: Jesús de Medinaceli, 'el Rico', y el Cristo de la Fe, protegido por los alabarderos desde el Palacio de Oriente. Mantienen viva una tradición que comenzó en 1632 en torno a la parroquia de San Sebastián y después, ya en 1743, bajo la protección de los Reales Guardias de Corps. Impresionaba ver la escolta de este Cristo, compuesta por 44 anderos, 32... Ver Más
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