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” Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos… ” Permitidme empezar este artículo con la célebre frase inicial de la novela Historia de dos ciudades, de Charles Dickens. Dickens escribió este bestseller popular en 1859 y lo ambientó en la época de la Revolución Francesa en el siglo XVIII. (Aquí abro un paréntesis para recomendar un breve ensayo de Nick Hornby titulado: Dickens y Prince. Un tipo de genio muy particular, sobre los paralelismos vitales y creativos de estos dos genios precoces y que es ideal para leerse en estos días de recogimiento. Cierro paréntesis) El primer párrafo de una de las obras maestras de Dickens está trufado de frases que pueden usarse ahora mismo, y de hecho es lo que voy a hacer para escribir este artículo, porque siguen estando tan vigentes como entonces . No sé si eso dice mucho, ni bien, de nuestra sociedad, pero parece que seguimos atrapados entre dos tierras, en unas dicotomías brutales que se repiten eternamente, como si estuviéramos encerrados en un bucle, en el día de la Marmota . “La edad de la sabiduría y también de la locura”: en estos momentos la Humanidad es capaz de enviar a cuatro astronautas a orbitar la Luna como primer paso para establecer colonias permanentes a corto plazo en nuestro satélite y en paralelo a este hito civilizatorio estamos viendo un genocidio retransmitido a tiempo real mientras llueven misiles en una guerra absolutamente estúpida que está a punto de destrozar las vidas de millones de personas por las decisiones de un ególatra amoral y estúpido (habréis notado que aunque estemos en época de pasear santos, Risketo no es santo de mi devoción) que resulta ser el líder más votado de unos de los países más poderosos de la Tierra. “La época de las creencias y de la incredulidad”: en plena Semana Santa con las calles petadas de creyentes, que no practicantes, demostrando su fervor religioso en las miles de procesiones que llenan nuestras calles y nuestras televisiones también podemos ver a muchos de esos mismos “creyentes” ser los más incrédulos del mundo. Creen en dios y en la victoria de su hijo sobre la muerte al resucitar pero no creen en las cifras de empleo , la integración de los inmigrantes o la igualdad entre hombres y mujeres –ni en sus propias cofradías–. Creen en la Biblia pero no en la Constitución. “La era de la luz y de las tinieblas”: A la vez que la IA, la Inteligencia Artificial, da un salto cualitativo y promete un cambio de paradigma laboral y social que puede cambiar nuestra sociedad y nuestra relación con el trabajo; la EN, la Estupidez Natural, se hace fuerte en estadios de fútbol, televisiones, influencers y partidos políticos. El progresismo usado como insulto es un síntoma de lo que le cuesta a la oscuridad ir hacia la luz. “La primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación”: justo cuando los derechos sociales parecían haber florecido después de tiempos muy oscuros, se intenta retroceder veinte pasos por cada uno avanzado a golpe de denuncia. ¡Nadie espera a la Inquisición Española! La desesperación es patente en todos aquellos, y ese todos en masculino tiene todo su sentido, que ven que los tiempos están cambiando, como cantaba Dylan, pero ellos no están dispuestos a renunciar a sus privilegios. “Todo lo poseíamos, pero nada teníamos; íbamos directamente al cielo y nos extraviábamos en el camino opuesto”: En un momento en el que una generación, la generación en la que depositamos nuestras esperanzas en que tienen que llevarnos a un futuro mejor, no tenga la posibilidad de pensar en un futuro digno por la especulación inmobiliaria y un capitalismo desatado y que busque referentes en un pasado idealizado, debería hacernos plantearnos el presente. Tenemos todo para tocar el cielo y algunos se empeñan en llevarnos de vuelta a las cavernas. Hemos construido una sociedad en la que vivimos todo a la vez en todas partes. Mientras comemos una torrija con pan de brioche vemos misiles cayendo sobre ciudades , vídeos de los conciertos de Rosalía, cánticos racistas en un partido de la Selección Española, postureo en procesiones al ritmo del ‘ Crîtto de lâ Nabahâ ’ de Califato 3/4, puestas de sol en la playa, astronautas viendo la cara oculta de la Luna, mujeres asesinadas por sus maridos o la nueva película de Almodóvar. No creo en dios, sólo creo en Charles Dickens , el ideólogo de este artículo, y al que voy a parafrasear por última vez: “Es el mejor de los tiempos, es el peor de los tiempos”. NOTA : Sí, has notado que este artículo está plagado de citas entrecomilladas de otro autor. Si fuera ministro, algún panfleto subvencionado me acusaría de plagio o de autoplagio, porque además he usado algunas frases mías de otros artículos anteriores, pero aún no soy el ministro de moda y puedo disfrutar, sin bulos, de unas merecidas vacaciones de Semana Santa; espero que quienes me leéis también. Al cielo con ella (ella es la torrija)
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