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Ángeles Domínguez López sabía leer y escribir porque creció en una “casa de señoritos” . Aprendió al mismo tiempo que los niños de esa familia pudiente a la que su madre, “soltera” , servía. Esa educación le permitió después ayudar a los demás . Solía acudir a la Casa del Pueblo para enseñar a otros. Y esa educación también valió de excusa para ser detenida ilegalmente, asesinada y arrojada a una fosa común . Aún sigue desaparecida. Ocurrió el 20 de septiembre de 1936 en Fuentes de León , un municipio en el sur de Badajoz , la segunda provincia más represaliada (después de Sevilla) durante la Guerra Civil y la dictadura franquista . Justo este mes de julio se cumplirán 90 años del golpe de Estado y sus consecuencias . La historia de Ángeles la cuenta su bisnieta Lucía Expósito Cívico , 28 años, profesora en la Universidad de Granada e investigadora sobre memoria histórica. “Nos preguntábamos mucho cómo podía tener esa cultura en aquella época ”, expresa. “Madre soltera decían… —añade sobre su tatarabuela— Se habla poco de la violencia sexual que han vivido las mujeres. Si ahora hay silencio, imagínate antes ”. Ángeles Domínguez López a veces leía la prensa en voz alta. Era una mujer adelantada a su tiempo , también en la forma de vestir, con ropa más llamativa. ¿Dónde empieza la búsqueda? Una fotografía en el salón familiar de una chica todavía joven que sonríe. Mirada profunda, inquieta, curiosa . Y un silencio inevitable que envuelve a esa imagen. “No se hablaba por dolor. A mi abuela se le removía todo con su madre . Lo que tenía de ella eran las pocas cosas que le contaron y esa foto”. A Lucía Expósito se le despertó la necesidad de conocer la historia de su familia cuando todavía estaba en el instituto. Ahí empezaron las primeras conversaciones y obtuvo las primeras pistas . Los retazos que le han llegado es que su abuela, Dolores Cárdeno Domínguez, apenas había cumplido un año de vida cuando se quedó sin madre; iba en sus brazos cuando la detuvieron en mitad de la calle delante de una vecina, a quien le pidió que se llevara a la niña a casa. Los días que aguantó en la cárcel se la acercaban para que le diera de mamar. Hasta que desapareció . Fue asesinada en el cementerio junto con una decena de mujeres. Con 33 años. Dolores y sus tres hermanas, la mayor de nueve años, ya estaba señaladas. “Las cuatro fueron separadas y forzadas a servir desde pequeñas en casas de señoritos”. Fue su herencia. “No nos podemos quedar solo en la superficie de conocer los nombres de las represaliadas , tenemos que saber la historia que hubo detrás para entender las violencias que sufrieron las mujeres ”, resalta Lucía Expósito. Ella creció en el municipio sevillano de La Puebla de Cazalla . Desde el verano de 2019 colabora con el proyecto de exhumación de las fosas comunes de Fuentes de León. Los restos de su bisabuela no han aparecido, pero sabe que están ahí. Su abuela Dolores falleció el año pasado con 89 años. Nunca se separó de la fotografía de su madre . En su búsqueda por la verdad, Expósito contactó con Candela Chaves , investigadora, doctora en Historia por la Universidad de Extremadura y un referente en Memoria Histórica en Extremadura . Además, sus investigaciones son innovadores porque se abordan con perspectiva de género. El papel de Chaves (Montijo, 1982) fue crucial en la citada exhumación en Fuentes de León. Así describe en una sus publicaciones lo que ocurrió en este municipio pacense que ahora ronda los 2.100 habitantes : “La mañana del 14 de septiembre de 1936, un grupo formado por falangistas y guardias civiles […] entró en la localidad tras un breve, casi anecdótico , enfrentamiento con algunos vecinos armados, entre ellos dos guardias municipales, a las puertas del municipio. […] La localidad quedó bajo control de los sublevados inmediatamente. Y la primera medida tomada por el capitán de la Benemérita fue constituir una nueva gestora municipal , afín a la sublevación. Conformada por grandes propietarios y políticos derechistas locales, a las 11.00 horas se firmaba en el libro de Actas la destitución de la anterior corporación , electa en febrero de 1936, y la formación de la nueva. Veinte minutos duró la eliminación de la democracia y la instauración de un régimen de terror y sometimiento”. El trabajo de esta investigadora ha permitido sacar a la luz las historias que permanecían enterradas , entre ellas la de Ángeles Domínguez López. Siempre con el empeño de evidenciar la doble represión que ellas sufrieron: por ser mujer y vencida . En este sentido, destaca: “El testimonio oral es parte esencial en la búsqueda , porque el rastro de ellas en los documentos suele ser mucho menor que el de los hombres. Por eso los relatos son imprescindibles ”. Chaves ha recibido este año uno de los premios de Igualdad de la Diputación de Badajoz precisamente por su acción “pionera, valiente y profundamente transformadora en el ámbito de la memoria histórica, con un proyecto que rescata del olvido a miles de mujeres represaliadas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, realizado desde una perspectiva de género rigurosa y con un fuerte impacto social”. Así lo recoge la Institución provincial pacense. Hay violencias que no dejan huella en los documentos , que pertenecen a la esfera más íntima . Más el estigma social. Para ellas y su entorno. “En la represión franquista, sobre las mujeres se practicarán los mismos métodos represivos que sobre los hombres . Ellas serán detenidas, encarceladas, asesinadas de forma extrajudicial, sentenciadas, exiliadas, sus bienes serán incautados, serán inhabilitadas de sus empleos, apartadas de sus hijos, recluidas en centros correccionales... Y, al mismo tiempo, habrá una especificidad, pues ellas sufrirán violaciones, rapados de cabello, purgas con aceite de ricino y la exposición pública bajo los efectos de este purgante, obligando a sus vecinos a verlas, paseándolas por las calles para la humillación ”, explica Chaves. También fueron castigadas, agrega, en sustitución de sus maridos o hijos “que no pudieron ser detenidos cuando llegaron las tropas a las localidades”. Pero además de ser sujeto de esas violencias, serán también objeto , “porque servirán para dar ejemplo del ideal de mujer que quiere imponer el régimen ultraconservador, machista y católico ”. Para el franquismo, las mujeres “servían para estar en casa y cuidar a la familia” . “Una mujer sumisa y subyugada”. “La brutal represión extrajudicial, esos asesinatos sin juicio previo prosigue Chaves- perseguían el castigo con la muerte de quienes fueron reivindicativas y avanzadas”. Destaca Chaves, también, “la búsqueda de la erradicación de su derecho a estar en el espacio público y en el imaginario colectivo como referencias, penalizar esa trasgresión de la esfera privada a la pública ”. Asimismo, a las mujeres republicanas se les acusó de ser “individuas de dudosa moral dominadas por sus bajas pasiones, tal y como lo definió Antonio Vallejo-Nájera, el psiquiatra del régimen”, recuerda. Básicamente, se eliminaron todas las conquistas sociales y políticas logradas, “con mecanismos de control y reeducación ejercidos desde la Iglesia ”. “ Hacían con las mujeres lo que les daba la gana ”, así lo resume Carmen Díaz Sánchez, 68 años, que ha sido administrativa y celadora en un hospital. Lleva tres décadas viviendo en Granada pero su familia paterna tiene raíces en Bodonal de la Sierra (no llega a mil habitantes, también en el sur de la provincia de Badajoz). Allí, su abuela, fue otra mujer represaliada. Se llamaba Asunción Arias Catela . La mataron con 36 años . “Era viuda y se dedicaba a vender cosas, tenía una especie de tiendecilla. También hacía rifas. Se buscaba la vida. Y apuntaba en una libreta el dinero que le debían. Por lo que me han ido contando, alguien con una deuda que no quería pagar, quizá por envidia, la acusó de hacer cosas no propias de una mujer , y fueron a por ella”. La metieron en un camión y en el camino al cementerio ella saltó ; los que conducían le dispararon . Ocurrió en septiembre de 1936. “Tenía una hija y tres hijos, uno de ellos mi padre, de solo ocho años. Luego mataron a más miembros de la familia ”. El contexto se repite de nuevo . Dolor y silencio. Una fotografía en la mesilla de noche de su padre de la que no se habla. Pero de la que no se separa nunca. “Él era incapaz de mantener una conversación . A mi madre tampoco le gustaba hablar de la guerra, lo pasó muy mal ”. El luto, silencioso y clandestino. Un duelo constante que no se cierra . A Carmen Díaz le gusta contar que su padre, Antonio Díaz Arias, a pesar de haberse quedado huérfano, supo salir adelante y ganó un premio de platos regionales con el cocido madrileño. Falleció en 2019, con 90 años. Y es, a partir de ahí, cuando su hija se decide a iniciar la búsqueda . Contactó también con la investigadora Candela Chaves y empezó a descubrir la verdad . Sabe que los restos de su abuela están en la fosa común de Bodonal, aunque siguen bajo tierra. En esa única imagen que conserva de ella, aparece con unos pendientes. “Pienso que aún pueden encontrarse ”. ¿Qué por qué lo hace? “Por rendirle homenaje a mi abuela y a mi padre , yo lo quería mucho, y lo que él no pudo conseguir, quiero intentarlo yo”. Se emociona al otro lado del teléfono. La herida se hereda, pasa de generación en generación . Este camino que emprendió hace años le ha regalado familia en Bodonal de la Sierra que no conocía. Ahora mantiene relación con una prima que vive en el municipio pacense que también ayuda a recomponer el relato. “Cuando la conocí le dije: tienes la misma cara que la abuela en la foto, fue muy emocionante ”. Las historias de Asunción Arias Catela y Ángeles Domínguez López son solo dos más de los miles de casos de mujeres represaliadas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. “Hay que recuperar sus nombres para tenerlas también como referentes . Es una cuestión de derechos humanos”, defiende Chaves.
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