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Altercados violentos y contrabando para no pagar impuestos: un estudio muestra el Valladolid marginal del siglo XIX | Collector
Altercados violentos y contrabando para no pagar impuestos: un estudio muestra el Valladolid marginal del siglo XIX
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Altercados violentos y contrabando para no pagar impuestos: un estudio muestra el Valladolid marginal del siglo XIX

Una investigación de la Universidad de Valladolid señala los motines organizados durante la Restauración por la gestión del impuesto de consumos, que implicó la muerte de cinco personas entre 1890 y 1905 Opio, poder y silencio: el cabaret donde los músicos tocaban “con los ojos vendados” para no ver “lo prohibido” A finales del siglo XIX y principios del XX, había un elevado número de 'matuteros' en España, personas u organizaciones dedicadas al contrabando de determinados productos (especialmente el vino y la carne) para evitar así pagar el impuesto de los consumos (un gravamen similar al actual IVA) que recaudaban los ayuntamientos. Una investigación muestra cómo Valladolid vivió altercados, motines y protestas en contra de este impuesto de consumos, por el que murieron hasta cinco personas entre 1890 y 1905. “ El conflicto se producía cuando se descubría el matute. En la mayor parte de los casos eran los propios matuteros quienes se resistían, escapaban o intentaban evadirse del control de estos grupos de guardias o vigilantes de consumos. El cuerpo de vigilantes de consumos de Valladolid llegó a tener en 1894 más de 150 agentes, diez de ellos a caballo, que también portaban una carabina y un sable, aunque se podía autorizar incluso un revólver. Entre 1890 y 1905, en Valladolid hubo cinco muertos como consecuencia de este control. “La pauta era similar: un vigilante interceptaba a un matutero, este se resistía de forma violenta, y el vigilante utilizaba el arma que solía llevar como defensa”, resume Jesús Ángel Redondo, autor del artículo académico Resistencia fiscal cotidiana en la España de la Restauración: un análisis del matute en Valladolid entre 1890 y 1905 , publicado en la revista Hispania. Revista Española de Historia . Matute de vino y carne, especialmente Este investigador recuerda que el impuesto de consumos se pagaba por cualquier producto que entraba en la ciudad y que era “de comer, arder y beber”. Esta mercancía debía pasar por los fielatos, unas casetillas con gente vigilando, donde esta se declaraba y el vendedor pagaba según el peso del producto. El recuento realizado por el historiador concluye que los productos más matuteados fueron el vino (o mosto) y la carne (fresca, tocino, jamones, embutidos...), aunque también se contrabandeó con aceite, sal, pescado, fruta, velas o incluso petróleo. A pesar de las posteriores modificaciones fiscales, estos fielatos estuvieron vigentes hasta la década de 1960, cuando se empezaron a establecer las reformas fiscales en la época del desarrollismo. “El matute afectaba principalmente a la carne y el vino porque eran productos con una gran salida comercial. Se trapicheaba con ellos en el mercado negro y, para que fuera rentable, tenían que eludir el impuesto de consumos”, explica Jesús Ángel Redondo, que ha localizado casos de “trapicheo de subsistencia”, aunque la mayoría de las situaciones implicaban “importantes alijos”. En enero de 1900 incautaron 175 kilos de embutidos y tocino; en abril, cien arrobas de jamón; en julio, 200 kilos de jamón; y pocos días más tarde, 1.200 kilos de tocino. No solo se trataba de una cuestión económica, sino también de Salud Pública: el objetivo era evitar los mataderos clandestinos y la adulteración del vino, que se juzgaba como un delito de estafa. “En aquella época, el control de la sanidad era muy laxo y muy difícil de llevar a cabo. Había un gran mercado negro que abastecía notablemente a la ciudad y al cual recurría sobre todo la gente de clase más baja porque les salía más barato”, agrega. Este profesor de la Universidad de Valladolid explica los métodos de matute que utilizaban, muchos de los cuales siguen utilizándose en la actualidad: “Usaban dobles fondos donde pasaban cientos de botellas de vino o kilos de embutido. Había bandas organizadas, comerciantes y taberneros implicados, y los negocios se hacían en las ventas que estaban a las afueras de las ciudades”, relata Redondo. Altercados durante años Redondo explica que había un “contrabando casi continuo que alarmaba a las autoridades y suponía un continuo conflicto, violencia e inestabilidad en la ciudad”. Este matuteo muestra “una realidad muy diferente a la imagen monumental del Valladolid del siglo XIX o primeros del XX; había una cara bastante oscura” que incluía altercados. El historiador explica que había un “contrabando casi continuo que alarmaba a las autoridades y suponía un continuo conflicto, violencia e inestabilidad en la ciudad” dada la “indignación, malestar y rechazo” al impuesto. Este matuteo muestra “una realidad muy diferente a la imagen monumental del Valladolid del siglo XIX o primeros del XX; había una cara bastante oscura”. En Valladolid se produjeron varios motines por este motivo, especialmente en el Bienio Progresista (1854-1856), aunque también hubo varios a principios del siglo XX: en 1902 estalló un amotinamiento cuando varios vecinos defendieron a una mujer que estaba siendo maltratada por los vigilantes, en el que tuvo que intervenir también la Guardia Civil. Un año más tarde se produjo una “batalla campal”, según las crónicas de El Norte de Castilla porque un grupo de matuteros apedreó a unos vigilantes mientras intentaban introducir unos pellejos de vino de contrabando. La Guardia Civil tuvo que intervenir nuevamente porque muchos vecinos del barrio de Santa Clara decidieron unirse a la revuelta y ponerse del lado de los matuteros. Mapa de Montaner y Simón de 1897, que señala algunos fielatos (Puente Mayor, calle Puente Colgante y calle del Carmen). En 1904, un motín se saldó con un muerto y enfrentamientos directos con el regimiento militar, aunque este no estuvo directamente relacionado con los consumos, sino que fue una de las consignas que clamaron en una movilización contra el precio del pan, que se había incrementado por la inestabilidad internacional tras la guerra de Cuba. “Como sucede ahora con la guerra en Ucrania, cuando suben mucho los precios de un producto básico como el trigo, se exigía a las autoridades cercanas que rebajaran los impuestos a las harinas para que no fuera tan perjudicial para las clases populares”, apostilla el historiador. En 1912 se produjo uno de los altercados más destructivos porque se estableció un impuesto sobre el carbón. Los manifestantes llegaron a incendiar y destruir por completo el fielato de la estación, que estaba ubicado entre la estatua de Colón y el hospital de Recoletas. Los 'Zaqueos', una familia de matuteros En la ciudad del Pisuerga había también entramados de corrupción y fraude que implicaban a vendedores y vigilantes. La familia más conocida en Valladolid fue la de los 'Zaqueos', que tenían una taberna cerca de la estación de autobuses a través de la que introducían matute desde el municipio cercano de La Cistérniga. El caso de corrupción más escandaloso se destapó en julio de 1899, cuando varios vigilantes de consumos y algunos guardias municipales fueron acusados de estar compinchados con diferentes bandas de matuteros, entre los que se encontraban los 'Zaqueos'. “ Aunque se dice que en aquellos años el pueblo estaba aislado de la política, la acción de estos matuteros o grupos delincuenciales influía en el debate sobre la gestión fiscal”, defiende Jesús Ángel Redondo, no solo por la delincuencia, sino por motivos de eficacia fiscal. Mantener la infraestructura para cobrar este impuesto era “muy caro” y eso hacía que fuera “muy poco rentable de cobrar”. Mientras gestionar el resto de impuestos costaba un 5% de lo recaudado, la gestión de la recaudación de consumos suponía un 27%. Caseta de consumo en el puente de Triana, Sevilla, en el siglo XIX. “Además, generaba violencia, descontento y desprestigio para las autoridades municipales. Por ello, se empezó a exigir que el impuesto se rebajara o suprimiera, argumentando que no era propio de países civilizados y que se necesitaba un sistema fiscal más efectivo, que no costara tanto dinero ni provocara conflictos de orden público”, argumenta el historiador. El gobierno de Canalejas suprimió este impuesto en 1911 de forma progresiva, aunque muchos ayuntamientos mantuvieron impuestos parecidos con otros nombres porque suponía “un ingreso básico para las arcas municipales”. El debate sobre los consumos fue un argumento político muy importante para partidos al margen del sistema, principalmente los republicanos y después los socialistas, e incluso llegó al imaginario popular a través de la música. Redondo recuerda que se popularizó una zarzuela llamada “Gigantes y cabezudos”, cuya primera escena es un alboroto fiscal de mujeres en Zaragoza. “Estos problemas fiscales y las subidas de impuestos eran un elemento esencial en las protestas colectivas de las clases populares en las ciudades”, apunta. Archivos incompletos Redondo defiende que aún no se ha estudiado mucho cómo vivían las personas que estaban en la marginalidad desde otros puntos de vista que no sean la beneficencia o la asistencia social. Redondo trabajó con la información publicada en la prensa local, sentencias judiciales que conservan los archivos de Chancillería o Valladolid y actas municipales que reflejaban los debates políticos sobre los consumos, lo que demostraba que este se consideraba “un problema de orden público y de imagen”. “Tendría que haber podido consultar los fondos de la delegación de Hacienda, pero en Valladolid están desaparecidos y en el Archivo Histórico Provincial no hay gran cantidad de documentación anterior a 1930”, lamenta este historiador, que reconoce también la incoherencia que hay a veces entre estas fuentes. “Muchas veces no podemos ir mucho más allá de obtener los hechos claros: que hubo matute de tal producto, que hubo violencia o que murió una persona”, apuntala.

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