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Roberto, cerrajero: "Hay gente que está cobrando 700 o 1.000 euros por una apertura a las tres de la mañana un domingo" | Collector
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Roberto, cerrajero: "Hay gente que está cobrando 700 o 1.000 euros por una apertura a las tres de la mañana un domingo"

Un despiste tan común como olvidar las llaves dentro de casa puede convertirse en una auténtica pesadilla para el bolsillo. Cada vez más personas se enfrentan a facturas desorbitadas que alcanzan cifras de tres y hasta cuatro ceros por un servicio que, en realidad, debería costar mucho menos. El problema reside en la proliferación de anuncios en internet que, bajo una apariencia profesional, esconden redes organizadas que se aprovechan de la vulnerabilidad y la urgencia del momento. El cerrajero profesional Roberto Esteban ha decidido dar la voz de alarma sobre una situación que afecta a miles de ciudadanos. Según su experiencia, el sector vive una crisis de intrusismo sin precedentes, donde la mayoría de las ofertas que encontramos en los buscadores no corresponden a verdaderos profesionales. De hecho, el experto confirma haber visto casos sangrantes: "Hay gente que está cobrando 700 o 1.000 euros por una apertura a las tres de la mañana un domingo". El modus operandi de estas redes es sencillo pero muy efectivo. "El 80% no son cerrajeros, son empresas que saben posicionarse en Internet y subcontratan el servicio", aclara Esteban. Estas 'empresas pantalla' actúan como meros intermediarios: captan la llamada del cliente desesperado, se aseguran una comisión que puede llegar al 50% de la factura final, y envían a un operario que, en muchos casos, carece de la formación y la acreditación necesarias. La situación ha escalado a tal punto que la propia Unión de Cerrajeros de Seguridad (UCES) ha denunciado que el 70% de las reclamaciones en reparaciones del hogar están relacionadas con cerrajeros no titulados. Como respuesta, gigantes tecnológicos como Google han tenido que tomar cartas en el asunto, implementando una 'verificación avanzada' para filtrar los anuncios y asegurar que solo los profesionales acreditados puedan publicitarios en su plataforma. Para evitar ser víctima de una estafa, es fundamental conocer los precios reales del mercado. Un servicio de apertura de urgencia, realizado por un profesional en horario nocturno o festivo, debería oscilar entre los 150 y los 220 euros. Del mismo modo, un desplazamiento estándar no suele superar los 40 euros, y un cambio de bombín básico, incluso de noche, no tendría por qué sobrepasar los 200 euros. La diferencia, según Roberto Esteban, no solo está en el precio, sino en la calidad del servicio. Un verdadero profesional no se limita a abrir la puerta, sino que asesora sobre la seguridad de la cerradura y ofrece alternativas para mejorarla. En cambio, los intrusos "van allí, te abren la puerta y se van, y te dejan la puerta abierta", obligando al cliente a buscar a un segundo profesional para poder cerrar su casa con seguridad. El problema del intrusismo va más allá de lo económico y puede rozar lo delictivo. Los cerrajeros deben "ir con pies de plomo" para no convertirse en cómplices de una ocupación ilegal. Esteban relata cómo han recibido llamadas de supuestos clientes que, en realidad, pretendían ocupar una vivienda. "Nos han dicho que lo que querían era okupar la vivienda a ver si podíamos abrir", explica, subrayando la importancia de la prevención. Un profesional siempre exigirá una identificación (DNI) y una declaración jurada para asegurarse de que la persona que solicita el servicio es el propietario o inquilino legítimo. Este es un protocolo que los falsos cerrajeros suelen omitir por completo, ya que su único objetivo es el beneficio económico inmediato. Como concluye el experto: "Los falsos cerrajeros no van a ofrecer un servicio, van a lucrarse". A pesar de este panorama, el oficio de cerrajero sigue siendo una profesión con futuro. La clave, mientras la tecnología avanza hacia aperturas con el móvil o reconocimiento facial, sigue estando en la profesionalidad. El mejor consejo para el consumidor es el de siempre: pedir una acreditación, desconfiar de los precios sospechosamente bajos y exigir siempre una factura detallada que sirva como garantía.

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