La Opinión de Murcia
El Viernes Santo de Murcia es más que la algarabía morada. Por la tarde, toca ir de funeral. Las cofradías que parten de San Bartolomé (dos de ellas, una detrás de otra) y San Esteban (aunque su iglesia sea San Miguel) siembran, en la tarde del mismo día, dolor con sobriedad. No en vano, se trata de un entierro. A Jesús lo han matado.
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