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El endocrino Borja Bandera, en una reciente charla con el doctor Felipe Isidro y el también doctor Ángel Durantes, ha puesto sobre la mesa una idea revolucionaria que cambia el paradigma sobre cómo entendemos el envejecimiento. El mensaje principal es claro: el músculo no es solo estética, es el órgano de la calidad de vida. Esta visión, compartida por los tres expertos, se aleja de la concepción tradicional del gimnasio para centrarse en la funcionalidad y la salud a largo plazo, donde el músculo juega un papel fundamental como pilar de nuestra autonomía y bienestar. El doctor Felipe Isidro, experto en la materia, lanza una afirmación contundente que redefine el proceso de envejecer: "Envejeces cuando pierdes velocidad". Según Isidro, la verdadera clave muscular de la longevidad no reside en la cantidad de fuerza que se puede ejercer, sino en la capacidad para aplicarla en el menor tiempo posible, un concepto conocido como potencia muscular. Es esta cualidad la que nos permite reaccionar ante un tropiezo, levantarnos de una silla con agilidad o, en definitiva, mantener nuestra independencia funcional a medida que cumplimos años. Para preservar esta capacidad, el experto propone un método de entrenamiento específico que prioriza la calidad sobre la cantidad. La estrategia consiste en realizar series de ejercicios con la máxima intención de velocidad en la fase concéntrica (la de contracción del músculo), pero ejecutando solo la mitad de las repeticiones que podríamos completar. Por ejemplo, si se pueden hacer doce repeticiones, se realizan únicamente seis. Este entrenamiento con baja fatiga permite reclutar y proteger las fibras rápidas, que son las primeras que se deterioran con la edad, sin provocar un agotamiento que comprometa la necesaria recuperación muscular. Por su parte, el doctor Ángel Durantes introduce otra variable crucial en la ecuación de la longevidad: el impacto del estado anímico y mental. Durantes alerta sobre los peligros del "estrés crónico silente", un estado de tensión persistente que a menudo pasa desapercibido porque no presenta síntomas evidentes, lo que dificulta su diagnóstico. Este estrés se ve agravado por la "infoxicación", especialmente por la sobreexposición a noticias negativas, que nos sumerge en un estado de hiperalerta constante. Esta situación de alarma continua no es gratuita para el organismo. Según explica el doctor, provoca una resistencia anabólica que degrada la masa muscular y, como consecuencia, acelera el proceso de envejecimiento. Para combatirlo, Durantes sugiere la importancia de evaluar el sistema nervioso autónomo y los niveles de hormonas como el cortisol o la dopamina. El objetivo es que la persona tome conciencia de su estado fisiológico real y pueda así implementar cambios vitales orientados a reducir ese estrés perjudicial. La conversación también aborda la importancia de la optimización de las hormonas sexuales. En los hombres, unos niveles adecuados de testosterona, y en las mujeres, una correcta terapia de reemplazo hormonal cuando sea necesario, actúan como un "facilitador crítico en la mejora de hábitos". Un entorno hormonal favorable no solo mejora la retención de nitrógeno y la recuperación post-entrenamiento, sino que también produce un cambio fundamental en la manera en que se percibe la actividad física. Gracias a esta optimización, se produce una transformación psicológica clave: "el ejercicio pasa de ser un castigo a una forma de autocuidado". Finalmente, los expertos destacan que factores puramente psicológicos como el optimismo, tener un propósito vital o practicar la gratitud no son meros complementos, sino que han demostrado ser "modificadores reales de la esperanza de vida". La longevidad, concluyen, es un edificio que se sustenta sobre varios pilares: un músculo potente, una mente en calma y una actitud positiva ante la vida.
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