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Edu Saz, arquitecto, desvela los cinco errores que nunca debes cometer en una reforma: "Puede llegar a ser una auténtica tortura" | Collector
Edu Saz, arquitecto, desvela los cinco errores que nunca debes cometer en una reforma:
Cope Zaragoza

Edu Saz, arquitecto, desvela los cinco errores que nunca debes cometer en una reforma: "Puede llegar a ser una auténtica tortura"

La dificultad para acceder a una vivienda a precios asequibles ha provocado que muchas personas opten por comprar casas antiguas para después renovarlas por completo. Esta alternativa permite modular mejor los gastos, pero una mala planificación puede convertir el sueño en una pesadilla. Una reforma mal ejecutada no solo implica un desembolso económico mayor, sino que puede dejar la vivienda en peores condiciones que antes de empezar. Para evitar sorpresas desagradables, el arquitecto Edu Saz ha compartido a través de su canal de YouTube los cinco errores más comunes que se cometen en una reforma. Según el experto, son fallos muy habituales que, sin embargo, pueden tener consecuencias fatales. "Pueden costarte miles de euros y hacer que tu vivienda quede peor de lo que estaba", advierte Saz en su publicación. Uno de los elementos más olvidados en una reforma son las bajantes. Saz recalca que no prestarles atención es un error grave, ya que puede derivar en problemas muy molestos, como escuchar la evacuación de aguas de los vecinos. "No hay peor cosa que gastarse miles de euros en una reforma y estar por la noche tumbado en tu cama y, de repente, escuchar la evacuación de aguas de un piso superior", explica el arquitecto. Por ello, recomienda hacer catas para revisar su estado y, si es de fibrocemento, cambiarla por una de PVC, ya que su vida útil seguramente ha terminado. Además, sugiere aprovechar la obra para insonorizarlas con materiales como el PVC tricapa y aislantes adicionales. Saz advierte que ha visto casos donde "la bajante le ha quedado al lado del cabecero de la cama y eso puede llegar a ser una auténtica tortura". Otro punto fundamental es la instalación eléctrica y la iluminación. Si la vivienda no se ha tocado en 15 o 20 años, es imprescindible renovar todo el sistema para adecuarlo a la normativa vigente, mejorar la calificación energética y garantizar la seguridad. Respecto a la iluminación, el experto lamenta que "mucha gente no piensa demasiado en ella", perdiendo "una oportunidad única de hacer tu casa mucho más especial sin gastar mucho más". Su consejo es organizar la luz en tres circuitos diferenciados: uno de iluminación general para toda la estancia, otro de luz de trabajo para zonas concretas como la cocina o un escritorio, y un último circuito de luz de ambiente. Este último, mediante luces indirectas, ayuda a crear espacios más acogedores y especiales. En cuanto a la tabiquería, Saz desmonta el mito de que el pladur es de peor calidad que el ladrillo. "Mucha gente piensa que el pladur es barato y es malo y que el ladrillo es mucho mejor y realmente no es así", afirma. La elección depende del contexto y, sobre todo, de una correcta ejecución. El ladrillo ofrece mayor robustez e inercia térmica, pero es más sucio y lento de instalar. El pladur, por su parte, es más limpio, rápido, versátil y ofrece un acabado liso perfecto para pintar. Invertir una suma importante de dinero en unas ventanas de alta calidad no sirve de nada si la instalación es deficiente. Este es, según Saz, un error "más habitual de lo que pensamos". Una mala colocación provoca puentes térmicos, condensaciones y filtraciones, lo que en la práctica genera los mismos problemas "que en unas ventanas de hace 30 años". La clave es garantizar que la instalación sea completamente estanca, usando fijaciones metálicas y sellados perimetrales perfectos. Finalmente, el arquitecto se refiere al que considera "el error fatal y el más común": realizar la obra sin licencia. Este fallo, advierte, es el que puede salir más caro. "A poco que se tuerza un poquito te pueden pasar muchas cosas y ninguna buena", sentencia Saz. Las consecuencias van desde multas económicas hasta la obligación de demoler lo construido y devolver la vivienda a su estado original, disparando el coste final del proyecto.

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