ABC
En estos días de intensa vivencia de la fe en la plaza pública me ha impresionado el protagonismo de los jóvenes, de quienes llenaban las cofradías o de los que asistían emocionados a las procesiones y celebraciones litúrgicas. Entonces me acordé de un reciente artículo de Teo Peñarroja en la revista 'Nuestro Tiempo' titulado 'El giro'. Sostiene este autor, siguiendo en esto a Daniel Capó, que lo que se ha denominado «el giro católico» es más un giro de carácter teológico de la cultura que una vuelta confesional, aunque no debemos olvidar que lo teológico en España, de momento, no puede ser de otra manera que católico. Teológico significa que plantea una serie de preguntas relacionadas con el sentido y la trascendencia, con la superación de la mera contingencia. Cuestionamientos que expresan la necesidad de una salida, de una salvación. Hay ya un par de generaciones que parecen tener clara cuál es la experiencia del primer cuarto del siglo XXI. Han roto con la de sus padres instalados en los efectos del mayo del 68. Son hornadas hechura de una sociedad de consumo que crea sujetos opulentos por fuera y vacíos por dentro y que han descubierto las falsedades del estado de bienestar. En una reciente entrevista a Aixa de la Cruz, publicada en 'Letras Libres', la novelista contaba que para escribir 'Todo empieza por la sangre', leyó la Biblia, y a varios autores espirituales por primera vez. «¿Y cómo lo ha encontrado?», le preguntan. «Pues fascinante. Y limpio [...]. Para mis padres es imposible pensar en el catolicismo y no pensar en Franco [...] Y me pregunto si ya ha pasado el tiempo suficiente como para que yo y las generaciones que vienen detrás, en lugar de optar por este batiburrillo que nos venden los algoritmos, digamos 'si queremos tener un camino espiritual también podemos volver a las tradiciones de siempre pero haciéndolas propias'». Hacer propia la tradición en España no es sólo pensar en la religiosidad popular o en los teólogos de Trento. Como diría Donoso Cortés, hasta detrás de un problema político, hay un problema teológico.
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