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El partido de Orbán utiliza amenazas y dinero para asegurarse los votos en Hungría
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El partido de Orbán utiliza amenazas y dinero para asegurarse los votos en Hungría

Budapest (Hungría).– “ Aquí la vida se ha detenido. No hay sitios donde salir, ningún lugar para los niños, ninguna oferta cultural… Sobrevivimos en la pobreza día a día. Por eso, lamentablemente, se puede comprar a la gente. No es culpa suya; cualquiera vendería su voto cuando sus hijos lloran porque tienen hambre.” Así lo cuenta un hombre de Tiszabura, un pueblo de 3.000 habitantes situado al norte de la Alföld, la Gran Llanura. Pero esto podría ocurrir en cualquiera de los cientos de localidades húngaras más pobres, donde el Fidesz, el partido del primer ministro Viktor Orbán, obtuvo sus mejores resultados electorales hace cuatro años, y donde se está movilizando aún más de cara a las elecciones legislativas del 12 de abril. El fenómeno del “voto asistido” está muy extendido en Hungría desde la transición democrática de 1990. Pero el Fidesz, partido nacional-conservador en el poder ininterrumpidamente desde 2010, lo ha convertido en una máquina bien engrasada, que ha ido ganando fuerza elección tras elección. Un documental de 52 minutos, titulado El precio de un voto , recopila numerosos testimonios que ponen al descubierto el mecanismo. Como muestra del frenesí que se ha apoderado de Hungría y de sus 10 millones de habitantes, la película ha sido vista 1,4 millones de veces desde su publicación en YouTube el 26 de marzo. Y nos preguntamos: ¿llegarán los encuestadores que sitúan a Tisza y a su candidato Péter Magyar a la cabeza de sus sondeos a esos votantes situados al margen de la vida política? ¿Dispone el Fidesz de un reservorio de votos oculto? En las últimas elecciones legislativas, en 2022, el Fidesz arrasó con el 92% de los votos en Tiszabura. En los diez municipios más pobres en términos de renta per cápita, obtuvo una media del 96% de los votos ; su resultado sigue siendo del 88% en los veinte municipios más pobres, que son también aquellos donde la participación fue mayor, según los cálculos de la revista G7 . Este falso plebiscito es el resultado de la fuerte dependencia de los municipios periféricos, de las redes clientelares y de la compra de votos de las poblaciones más vulnerables : los romaníes (cuya población se estima en 800.000 personas en Hungría), las personas mayores con pocos recursos, las personas incorporadas a los planes de empleo de interés público, los consumidores de drogas, etc. De este modo se desvían decenas de millones de euros de dinero público. Se transporta a los votantes a los colegios electorales en furgonetas y, a veces, incluso con los vehículos del programa estatal para los pueblos, “Magyar Falu”. Su votación se lleva a cabo a la vista de los agentes municipales, que los acompañan a la cabina de votación con el pretexto del analfabetismo, o se hacen mostrar una foto de la papeleta electoral a posteriori, a cambio de una bolsa de 5 kilos de patatas, una cesta de la compra bien surtida, una dosis de droga o un billete de 5.000 a 20.000 forints (de 15 a 50 euros). El Fidesz también ha creado fuertes vínculos de dependencia con los propios municipios. Las subvenciones públicas a los municipios pueden duplicarse si están en manos del partido . Los municipios pequeños con pocos empleados también dependen de un sistema centralizado para solicitar subvenciones públicas, especialmente las europeas. “Es terrible ver esta injusticia entre municipios que ni siquiera tienen que solicitarlo para que les llueva el dinero, mientras que nosotros tenemos que luchar por la más mínima microinversión”, afirma Csilla Dienes, alcaldesa de Szamossályi. Los municipios también dependen en gran medida de diversas ayudas estatales, como la “leña social” para la estufa destinada a los más pobres y los pequeños empleos a través de trabajos de interés general. Se trata de un sistema de empleos municipales, por ejemplo, para el mantenimiento de espacios y edificios públicos o para hacer los turnos de salida de las escuelas. Con una remuneración de 280 euros netos, la mitad del salario mínimo, suponen un salvavidas para muchos. En esas condiciones, a los alcaldes en el cargo les interesa fomentar el voto a favor del Fidesz, y los habitantes también lo perciben como una condición para su supervivencia económica . Esto es lo que observamos en Piskó, un pueblo de 250 habitantes que acababa de votar al 100% a favor del partido de Viktor Orbán en las elecciones europeas de mayo de 2019, con una participación del 60%, casi veinte puntos superior a la del resto del país. “Si Orbán no gana las elecciones, perderemos estos empleos públicos y será nuestro fin”, repetían los habitantes. El Estado utiliza tanto la zanahoria como el palo. En el documental, un habitante del gueto romaní de Tiszavasvári da testimonio de los métodos que se emplearon para hacerle renunciar a su candidatura a las elecciones municipales del año pasado: unos agentes vinieron a cortarle la electricidad y los servicios sociales le confiscaron a su hijo cuando nació. La amenaza de hacer intervenir a los servicios sociales es recurrente y pesa como una espada de Damocles, especialmente sobre las jóvenes romaníes, para garantizar la docilidad de la comunidad. “No quiero que me quiten a mis hijos”, teme una joven entrevistada . Médicos, empresarios o directores de colegios se convierten a veces en transmisores de este clima de intimidación, con poderosos medios de coacción a su disposición. El partido Tisza contará con observadores en cada colegio electoral y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) ha enviado una importante misión para supervisar las elecciones. Esta última concluirá sin duda, al igual que en 2018 y 2022, que se trata de unas elecciones “libres pero no justas”, debido a la omnipresencia de propaganda estatal . “[En caso de victoria del Fidesz,] ¿cómo deberemos reaccionar y qué consecuencias deberemos extraer de unas elecciones que habrán sido claramente amañadas?”, se pregunta un alto diplomático destinado en Budapest. Según los autores del documental, el Fidesz se aseguró así entre 200.000 y 300.000 de los tres millones de votos obtenidos en las elecciones de 2022. “En 2026, serán el doble”, asegura un organizador local del sistema. “Más cosas en juego, más dinero, más preparación”, resume. Esto podría representar entre el 7% y el 8% de los votos este año. Suficiente para inclinar la balanza si las elecciones están reñidas. Tisza podría salir victorioso en las urnas la noche del 12 de abril, pero no conseguir la mayoría en el Parlamento . Se trata de un escenario relativamente probable, consecuencia de un sistema electoral reformado en 2011 por el Fidesz y posteriormente reestructurado a su medida. De manera clásica, las circunscripciones se han redefinido para dar más peso al voto rural, más favorable al partido en el poder. Para asignar los 199 escaños del Parlamento, 8 millones de votantes disponen de una única vuelta y de dos papeletas: una para una lista nacional (93 diputados) y otra para el candidato o candidata de su circunscripción (106 diputados). Un mecanismo denominado “compensación del ganador” permite a un partido transferir el excedente de votos obtenidos en las circunscripciones a la lista nacional. Sobre el papel, esta disposición beneficia al Fidesz, que lleva mucho tiempo forjándose un arraigo local, a menos que la ola del Tisza sea poderosa. Además, el Fidesz puede contar con dos escaños reservados a las minorías romaní y alemana , y con uno o dos escaños que podrían cubrirse con el voto de las minorías húngaras transfronterizas (en Rumanía, en particular). Estas últimas se han beneficiado de un acceso simplificado a la nacionalidad y del derecho a votar en la lista nacional, así como de numerosas subvenciones estatales para sus instituciones culturales. Los politólogos húngaros estiman que Tisza necesitaría una ventaja de entre 6 y 8 puntos porcentuales para convertir su victoria en las urnas en una mayoría simple en el Parlamento . Por su parte, el Fidesz podría encontrar un socio de coalición en el partido de extrema derecha Mi Hazánk (Nuestra Patria), si este logra superar el umbral mínimo del 5%. Traducción de Miguel López

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