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Aquellos chutes y estos lodos | Collector
Aquellos chutes y estos lodos
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Aquellos chutes y estos lodos

España, 1986 . Las drogas (así, en plural y en genérico) son el mayor problema del país para un tercio de los españoles . El cuarto en gravedad por detrás del paro, el terrorismo de ETA (que mató a 41 personas) y la inseguridad ciudadana. Aquel año se crea la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), impulsada por el exvicepresidente del Gobierno Manuel Gutiérrez Mellado . El general que aguantó firme las sacudidas de Tejero en el Congreso el 23-F se enfrentaba ahora a otro enemigo que llevaba ya una década embistiendo al país. En 1988 la FAD realiza su primera campaña: la imagen de una jeringuilla tachada y el eslogan “Engánchate a la vida” . Una jeringuilla de heroína, por supuesto. La heroína había comenzado a arrasar España en la Transición. Durante aquellos últimos años setenta y los ochenta, cuando se alcanzaron los picos de consumo, pero también en los noventa, cuando más visible fue todo su impacto, más de veinte mil personas (jóvenes, principalmente) murieron de sobredosis, trescientas mil fueron tratadas por adicción, y miles y miles se contagiaron enfermedades desde el sida a la hepatitis por compartir jeringuillas. La heroína, el caballo, galopó por España dejando un reguero de muertes , de familias destrozadas y de delincuencia desbordada. Era una crisis de salud pública. Fue una epidemia. Las drogas, así en plural y genérico, como se nombraban en las encuestas, eran un monstruo. Enero de 1992 . Nueva campaña de la FAD. “Ten cerebro, pasa de la coca” . La droga es ahora un gusano que repta tabique nasal arriba hacia el cerebro. Como una secuencia de ciencia ficción. Solo el sonido del anuncio que se hizo para televisión y radio, todavía hoy, resulta estremecedor. A mediados de los noventa las drogas , todavía en plural y genérico, son el segundo problema para los españoles por detrás del desempleo. Preocupan a la mitad de la población. Son esos años en los que la crisis de la heroína se muestra en todas sus consecuencias.Pero no, no son las drogas, así en plural y genérico, sino la heroína. La FAD acaba de apuntar a la cocaína , el gusano que devora cerebros. Pero diez años antes, en 1982, cuando se disparan los adictos al caballo y los delitos se han duplicado, la coca era “un signo externo de riqueza”, como se la definía en una llamativa crónica de El País fácilmente accesible en la web para quien quiera leerla. Merece la pena hacerlo. Parece un publirreportaje de los productores y traficantes de cocaína. Mientras la heroína causaba estragos, la cocaína avanzaba sigilosa . La cocaína no era la heroína. El perico nada tenía que ver con el caballo . Ni siquiera en el imaginario popular. Ni en el lenguaje, porque las cosas son según las nombramos. La heroína era la de los yonquis, la de los muertos vivientes que se descomponían en directo hasta desaparecer. La coca era de los yupis, el signo externo de riqueza de las élites. Como el caviar y el champán, como decía la crónica del periódico. La heroína era un chute, la coca una raya o un tiro. Uno iba drogado o colgado y el otro puesto . El consumidor de caballo era el marginal que atracaba para meterse un pico, eran las kundas atravesando las ciudades hacia sus arrabales, los zombis en los metros y las plazas, las jeringuillas en los parques que los padres apartaban a patadas lejos de donde jugaban los niños. La coca no se veía públicamente . Su consumidor no necesitaba atracar para consumir. Al contrario. Era el producto de una elite financiera o cultural que tenía dinero de sobra para pagar las diez mil pesetas el gramo (lo mismo que sigue costando). Los de la heroína eran marginales. Los de la coca, aspiracionales. El caballo era degradación y muerte. La coca, éxito y glamour . Ambas sustancias habían irrumpido en el país prácticamente en paralelo, a finales de esos años setenta de apertura en España. La coca no solo llegó a España en esa época. Lo hizo al mundo. A principios de los ochenta se vivió lo que después se bautizaría como el boom de la cocaína. Los carteles colombianos, que habían traficado ya con marihuana hacia Estados Unidos, emplearon las mismas redes para mover la sustancia que entonces se producía en Perú y Bolivia. El salto a Europa llegó inmediatamente después. En 1992 la FAD apuntaba a ella por primera vez. Como había hecho con la heroína y la jeringuilla tachada y aquel “Engánchate a la vida”. Aquel mismo año, en verano, se lanzó otra campaña , la que más se repetiría recurrente a lo largo de la década. Simplemente, un NO . Un gran NO a las drogas. A todas. Era la adaptación española del Just Say No , que se convirtió en la gran campaña contra las drogas en Estados Unidos en los ochenta, impulsada por Nancy Reagan. Pero la heroína y la cocaína ya no eran lo mismo. Solo lo fueron, en realidad, como objetivos de esas campañas. La cocaína no se asociaba a los problemas de la heroína , ni a las sobredosis, ni a las enfermedades ni a la delincuencia. Al contrario, era diversión, estatus, prestigio incluso. La comparación con la heroína disparó a la coca. Si alguna vez pudieron ser equivalentes, como aquello que se llamaba las drogas duras, en comparación con el cannabis, la blanda, enseguida se distanciaron. Y los consumidores de cocaína no decían no, sino sí. Año 2007. La imagen muestra a un hombre trajeado tirado en una calle sobre unos cartones. Se parece al yupi psicópata Patrick Bateman que Christian Bale ha interpretado siete años antes en American Psycho . “Cambia tu percepción. Piensa” es el sugerente eslogan que la acompaña. La FAD aspira a mostrar los nuevos rostros de las drogas, a los consumidores que aparentemente no parecen serlo. El paro, la vivienda y la economía son las mayores preocupaciones de los españoles. Solo dos de cada cien personas mencionan las drogas , así, todavía en plural y genérico. En 2007, 8 de cada 100 personas en España confirmaba haber probado la cocaína al menos una vez en su vida. Al comienzo de esa década lo hacían cinco. Aquellos años se alcanzaba en España el récord de consumo . Más del tres por ciento de la población confirmaba haberla tomado durante el último año, casi el doble que una década antes. España se encaramaba entonces a los rankings como uno de los países con mayor consumo en el mundo. Las drogas, la coca, eran para la FAD ese yupi de película tirado en la calle. Pero la coca hacía tiempo que había dejado de ser de yupis, o de artistas, o de élites. Su consumo había avanzado ya por toda la pirámide social . Seguía costando lo mismo que cuando era un producto de lujo, como el caviar, el champán o los coches deportivos, como la comparaba aquel artículo de El País , pero el nivel adquisitivo había subido, España vivía el apogeo previo al estallido de la burbuja y la cocaína había entrado ya en otra dimensión. Años 2024 y 2025 . Un montador de cine encadenaría las noticias, con ritmo de thriller , para crear la secuencia perfecta. Trece toneladas de cocaína, récord histórico, incautadas en el puerto de Algeciras. Siete toneladas descubiertas en una finca en Coria del Río, Sevilla, que habían subido en narcolanchas por el Guadalquivir. Dos toneladas decomisadas en el puerto de Valencia. Siete toneladas intervenidas en un barco en alta mar a quinientos kilómetros de Canarias. Cada pocas semanas, una noticia parecida. Cambian las cantidades, todas de récord, y la localización. La coca entra por Canarias, por Galicia, por Valencia, por el Guadalquivir, por toda la geografía... Jamás se había incautado tanta. Pero nunca, tampoco, se había producido tanta . La ONU estima que la producción mundial ronda ya las 4.000 toneladas anuales. En quince años se ha multiplicado por cuatro. Colombia es hoy el principal productor, seguido por Bolivia y Perú, a pesar de que la planta de la coca nunca había crecido de forma autóctona en este país. Naciones Unidas apunta que hay 25 millones de consumidores de cocaína en el mundo, ocho más que hace una década. Y subiendo… Las drogas, en plural y genérico, no aparecen hoy en las encuestas sobre los temas que más preocupan a los españoles. Tampoco ninguna en concreto. Si en 2007 ocho de cada cien personas habían probado la cocaína, hoy son ya casi 14 los adultos entre 15 y 64 años, y sube cada año. Eso significa que más de cuatro millones y medio de personas lo han hecho. Y la cifra es seguro aún más alta porque en esta estadística del Plan Nacional sobre Drogas se quedan fuera los mayores de 65 años que la hayan probado. Para los expertos en salud pública y drogas, este no es el dato relevante, sino los que apuntan a los consumos continuados, como las personas que han consumido una sustancia durante el último año. Sin embargo, ese 14% es el dato más alto de todos los países del entorno español . En ningún otro país un porcentaje tan elevado de la población sabe lo que es meterse una raya. Y aunque no sea representativo de un consumo continuado, resulta, cuanto menos, revelador. Hoy la heroína es marginal en España . Pero no marginal como la marginalidad con la que se asociaba en los años de la epidemia, sino por consumo: un 0,7 por ciento de la población la ha probado alguna vez en la vida y un 0,1 la ha consumido el último año. La cocaína, en cambio, la ha consumido el 2,5% el último año, cerca de 800.000 personas, con el triple de consumidores entre hombres que mujeres y con los adultos entre 35 y 45 como los mayores consumidores. Estas mismas estadísticas señalan que hay en España 130.000 personas con un consumo problemático de cocaína . Y la cifra es muy llamativa en dos sentidos. En el primero, por lo obvio: el número de personas con un trastorno. De hecho, España es el país de la Unión Europea donde más personas buscan tratamiento por adicción a la cocaína. En total, cerca de 10.000 pacientes nuevos al año, el doble si se cuenta a los que han recaído y vuelven a intentarlo. Muy lejos todavía de aquellos que sufren problemas por el alcohol, la sustancia que, con diferencia, más estragos provoca. El segundo motivo es que se considera problemático el consumo que supera los treinta días durante el año. Es el baremo con el que trabajan los expertos y de ahí la estadística da como resultado esas 130.000 personas con problemas por la cocaína en España. Pero ese baremo muestra que existe también un consumo que, aun siendo nocivo y de una sustancia altamente adictiva , no tiene por qué ser problemático, y donde se encuadra todavía una mayoría de consumidores en España. Pero estos consumidores no aparecen en las campañas ni en los debates sobre drogas y salud pública. Miles de personas que, pese a todo, dicen sí. En 2026 las drogas, así, todavía en plural y general, siguen siendo las drogas del gran NO copiado a Estados Unidos. Pero los niveles de consumo, como el de la cocaína, suben cada año y ya se acercan a los niveles previos a la crisis , cuando cayó su consumo como se desplomó todo el consumo en general. La realidad es que nunca había tanta en el mundo ni había llegado tanta a España. De hecho, el kilo comprado al por mayor, para la venta después al menudo, está en mínimos históricos. Pero no es solo la cocaína. Año 2026 . Si se abre el foco, la imagen ya no es de una jeringuilla, ni de un gusano devorador de cerebros o de un yupi tirado en la calle o la de ese NO rotundo tan ineficaz como irreal. Ahora también es la del consumo desorbitado de ansiolíticos e hipnosedantes , donde España lidera Europa; la del juego online ; la del alcohol , por supuesto; la del chemsex , la de las redes sociales; la de tantos consumos desorbitados y adicciones más... ¿Cuáles son hoy las drogas que no preocupan a los españoles? Y a falta de un eslogan, una pregunta que sobrevuela todas esas imágenes, que probablemente no sean imágenes independientes sino cromos de un mismo álbum: ¿por qué? *David López Canales es autor del libro ‘¿Una rayita? Por qué en España se consume tanta cocaína y no se habla de ello’ (Anagrama, 2025).

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