Faro de Vigo
Cementerios rurales de los valles del Tea y del Lérez cobijan suntuosos panteones, prácticamente desconocidos, que entonan una eterna plegaria de piedra. Labrados por virtusosos canteros entre finales del s.XIX y principios del s.XX, el paso del tiempo ha difuminado a sus autores, pero su legado histórico y artístico es inmortal. En ellos yacen personalidades pudientes de la sociedad de la época, que encargaron estas joyas artísticas con el afán de implorar su ascenso a los cielos, dar fe de sus capacidades económicas y conservar su memoria más allá de sus muertes. El historiador vigués Xulio Fernández Pintos ha estudiado estas obras en su última investigación «Arte popular gallego 1850-1952».
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