Cope Zaragoza
La Semana Santa ha llegado a Andalucía con un tiempo espléndido que ha permitido que todas las cofradías procesionen por las calles, llenando las ciudades de fervor y atrayendo a miles de turistas. Sin embargo, para aquellos que han elegido Málaga como destino desde el centro de la península, el viaje se ha convertido en una auténtica odisea. La alegría de estas fechas contrasta con la frustración de una conexión ferroviaria clave que sigue rota. Desde el pasado 18 de enero, la línea de Alta Velocidad (AVE) entre Madrid y Málaga sufre una grave incidencia que mantiene suspendida la conexión directa. Ya son 77 días en los que un viaje que habitualmente se completaba en dos horas y media se ha transformado en un periplo de casi cinco horas, con un transbordo obligatorio en autobús. Esta situación, que se alarga sin plazos claros de resolución, está generando un profundo malestar y graves perjuicios económicos. Una de las miles de afectadas es Lola Bernabé, una malagueña residente en Madrid que conoce bien el trayecto. "Suelo hacer este viaje Málaga-Madrid una vez al mes para ver a mis padres", explica. Su plan habitual era coger un tren por la mañana temprano, pasar el día en su ciudad natal y regresar a la capital a última hora de la tarde, una rutina que la avería ha hecho inviable. Para estas vacaciones de Semana Santa, la única opción viable para ella y su familia ha sido el coche. La odisea del tren llegó a tal punto que la propia compañía ferroviaria modificó sus planes sin previo aviso. A su hijo, de hecho, Renfe "directamente le anuló el billete, le dijo que le devolvería el dinero y se acabó", sin ofrecerle la alternativa de realizar parte del trayecto en autobús, una opción que sí se ha comunicado a otros usuarios. El relato de Bernabé evidencia la incertidumbre a la que se enfrentan los viajeros. Aunque en el caso de su hijo el importe fue devuelto, la falta de alternativas y la anulación unilateral del servicio han sido una constante para muchos. "Sé que hay mucha gente que ha estado diciendo que Renfe ha estado dando opción de autobús, pero a nosotros desde luego no", afirma. Ante la falta de un tren directo y eficiente, los viajeros se han visto forzados a buscar otras vías, pero ninguna parece una solución razonable. El avión, que podría ser la alternativa más rápida, presenta un obstáculo económico insalvable para muchos. "Mi marido hace dos semanas vino a una reunión y pagó 680 euros por un billete por la mañana a Madrid-Málaga y por la tarde Málaga-Madrid", cuenta Lola Bernabé en COPE Andalucía. Esta cifra desorbitada resume la inviabilidad de esta opción para viajes frecuentes o familiares. Otras alternativas tampoco mejoran el panorama: el autobús directo tarda siete horas y media, y el coche, aunque ha sido su elección para esta semana, no es práctico para estancias cortas. "Para un fin de semana son muchísimas horas de coche ida y vuelta que no compensa". De hecho, esta es la primera vez que ha podido viajar a Málaga desde que ocurrió el incidente que casi le afecta personalmente en enero. El impacto de esta crisis ferroviaria va mucho más allá de las molestias personales y del turismo. Aunque los hoteleros ya han expresado su preocupación por el efecto en las reservas, otros sectores productivos también están sufriendo las consecuencias. La propia Lola Bernabé ha perdido oportunidades laborales por culpa de esta situación. "He tenido trabajos que tenía que haber realizado en la Costa del Sol y cuando le comenté al cliente que tenía que hacerse cargo del billete de avión, se disparaban los costes y lo ha hecho otra persona", lamenta. Este testimonio pone de manifiesto cómo la falta de una conexión fiable está restando competitividad a los profesionales y empresas de la región. La crisis comenzó justo la semana de FITUR, la feria de turismo más importante, afectando a multitud de profesionales andaluces. Bernabé insiste en que Málaga es mucho más que un destino vacacional: "Somos una gran capital, que sí, que nuestro centro neurálgico se mueve por el turismo, pero hay empresa y hay mucho tráfico de personas para Málaga, y desde Málaga, que se ha visto muy afectado". La prolongada avería y la falta de soluciones han provocado que el conflicto salte al ámbito político. El Partido Popular ha decidido llevar la situación ante la Comisión Europea, exigiendo a Bruselas que investigue si el Gobierno de España está incumpliendo sus obligaciones de mantenimiento y seguridad en una infraestructura que, además, fue cofinanciada con fondos europeos. A nivel autonómico, el malestar también es palpable. Desde la Junta de Andalucía , el consejero de Turismo y Andalucía Exterior, Arturo Bernal, ha lamentado que ni el ministro de Transportes, Óscar Puente, ni nadie de su equipo se haya puesto en contacto con el gobierno andaluz para informar sobre los plazos o la naturaleza exacta del problema. Esta falta de comunicación agrava la sensación de abandono y la incertidumbre sobre cuándo volverá la normalidad. Mientras tanto, la Semana Santa en Málaga brilla con luz propia, pero con la sombra de una brecha en sus comunicaciones. Para viajeros como Lola, la experiencia termina con otra planificación forzosa: volver en coche un sábado "para intentar evitar el acabose de las caravanas de entrada a Madrid el domingo". Un epílogo que resume perfectamente las consecuencias en cascada de una avería que dura ya demasiado tiempo.
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